A 4 manos

Escritores en Taller

Cita a Ciegas

Cinco dieciséis de la mañana, suena la alarma. Fernando se levanta con esa sonrisa que debería ser estudiada por la ciencia; no es normal que un ser humano de sesenta y siete años sea así de positivo y risueño un lunes por la madrugada. Él cree ciegamente en las inexactitudes, o como prefiere llamarlas: “imperfecciones afortunadas”. Tanto cree en esto, que cada que hay oportunidad repite: “la perfección es el juicio miedoso y aburrido que esconde la exquisita aventura de lo imperfecto”.

Fernando llega sin prisa al trabajo. Toma asiento y espera a que el teléfono suene para atender a su primer cliente. Sí, en plena era digital su única herramienta de trabajo es un teléfono de escritorio. Fernando lleva treinta y cinco años siendo el mejor vendedor de una reconocida agencia internacional de viajes. Así que nadie cuestiona su método.

Ha pasado ya la mañana y por fin suena el teléfono.

—Expedia, buenas tardes. Le atiende Fernando Oribe. ¿Con quién tengo el gusto?

—Hola, con Olivia.

—Gracias, señorita Olivia. ¿Cómo puedo ayudarle?

—Pues…, transfirieron mi llamada con usted.

—Ah, entiendo. Tiene duda de qué destino elegir para su próximo viaje.

—Sí, así es —responde sorprendida.

—Muy bien. Sonará extraño lo que voy a pedirle, pero, por favor, confíe en mí y en unos minutos sabrá con seguridad qué lugar es el ideal para usted —Fernando hace una pausa y da la indicación—. Cierre sus ojos.

—Ok —aunque dudosa y un poco desconcertada, Olivia sigue la instrucción.

—Para elegir su próximo destino dejaremos fuera del juego a sus ojos. Ellos están acostumbrados a enfocarse en lo conocido y se dejan seducir por fotografías perfectas. ¿Ya están cerrados sus ojos?

—Sí

—Ahora escuche su respiración. ¿Qué oye? ¿Un viento que mece praderas? ¿Unas olas que van y vienen? ¿El eco que resuena en una montaña? Dígame, ¿a qué suena su respiración?

—¡A un bosque que respira! —responde emocionada Olivia después de unos segundos de pausa.

—¿Qué otros sonidos hay en ese bosque? Agudice el oído de su imaginación.

—Unos pájaros. Sonidos de animales. Al fondo se escucha una caída de agua, puede ser una cascada —describe con rapidez ella.

—Estire su mano y, sin tocar nada, intente percibir la temperatura de todo lo que la rodea en ese bosque. ¿Puede sentirlo?

—¡Sí! Puedo sentir la humedad.

—Imagine que no tiene zapatos, sus pies tocan la tierra y el viento le avisa de una lluvia que refrescará ese calor húmedo. No estaba planeado, pero será increíble vivirlo. Sentir las gotas, recibir ese baño del cielo y después caminar hacia una cabaña que la espera con una fogata y su libro preferido. ¿Puede verlo sin ver?

—Sí puedo, y es increíble —Olivia está emocionada.

—Bueno, muy despacio abra sus ojos. Ya está lista para elegir su destino. Le haré llegar varias recomendaciones que se ajustan perfecto a su descripción. Le espera un gran viaje que eligió con los ojos cerrados, o como digo yo: “confiar en lo que llega”.

—¡Es verdad! ¡Muchísimas gracias! —agradecida, se despide Olivia.

Fernando busca con su mano izquierda el aparato telefónico para poder colgar. Después con su mano derecha encuentra a tientas su bastón guía. Es la una con veinte minutos de la tarde, un momento imperfecto para ir a desayunar.

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Luis Guillén
Luis Guillén

Sobre el autor:

Bailarín sin ritmo, músico con talento desafinado, yogui inflexible, escritor de pocas palabras. Por otra parte, gran oyente de lo ajeno, inventor de lenguajes de lo inanimado, extraordinario espectador de la naturaleza, insistente encuestador de los misterios de la vida y tímido fisgón de los tropiezos humanos.