A 4 manos

Epitafios

Epitafios

Ella y Él

Ella disparó con sus pechos. Él pidió que lo matara de nuevo.

La hoja

Cayó a tierra soñando con ser árbol en el Jardín del Edén.

En la tumba del poeta

“Querida vida, no te olvido”.

Valle de los Reyes

Nefertiti aún provoca sobresaltos en la momia de Akenatón.

Olvido

La mujer se miró al espejo. No estaba allí su rostro.

Dinosaurio

Él murió de amor en el Mesozoico: ella aún lo espera entre los fósiles.

Transacción poética

El poeta, para pagar su estancia en el más allá, abrió una cuenta con poemas.

Génesis

Eva envió la manzana por whatsapp. Adán la mordió en el Paraíso.

Prevención

Él le pidió entrar en su corazón: ella cerró sus piernas.

Resurrección

El muerto corrió la losa de su tumba y solo vio nubes en el cielo.

Comienzo de los tiempos

No existía el coito, pero después que el atardecer penetró en la noche, nació la mañana.

Un  amigo

Murió con la palabra en la boca. La palabra está viva todavía.

En la tumba de él

No sabía resucitar. Aprendí para verla.

Nacimiento de la palabra

La palabra cielo ya venía azul antes de salir por la boca.

Elogio de los pies

A la Vía Láctea aún no había llegado la luz. Los pies inventaron el camino

La gallina y el huevo

Los dos, al verse, aparecieron a la vez. Ahora discuten quién se enamoró primero.

La jirafa coqueta

Carecía de cuello. Lo estiró para ver el mundo desde la pasarela.

El espejo

Él creía que la miraba verse. Ella lo miraba a él.

El uno para el otro

Cuando él le mostró su espada, ella lo sedujo con su herida.

La inmortalidad

Los abrazos no tienen epitafios. 

Sierra de Guadarrama, Madrid

Regreso a mi México lindo y querido

Amigos, lectores nuevos y viejos, ya estoy de regreso, en México, en mi patria adoptiva, en mi tierra. Septiembre ha sido un mes grandísimo, muy bueno y muy malo casi en la misma magnitud. Nuestro suelo tembló y dejó piedras y muertes, y yo no estaba. Pero mi corazón no salió de las calles mexicanas en esas horas difíciles, ni en las peores que vinieron después. Confieso que me asoló el sentimiento de alegría por no tener que haber vivido la hecatombe y a la misma vez la tristeza de no estar donde estaba mi corazón y mi gente. Nunca me había sentido más mexicana, yo cubana nostálgica que descubro las trampas de la vida en las calles de esta ciudad.

En septiembre también me pasó la maravilla por el lado y a veces me rozó un instante y me hizo perfectamente feliz. Nació mi Bahía de Sal. Recorrí tierras nuevas junto a ella, lugares históricos excepcionales, y conocimos a muchas personas y les hablamos de nuestros derroteros. Algunas de esas personas esencialmente llegaron para traspasar la piel y habitar dentro. Otras dejaron el sabor agridulce de los reencuentros, que también van sucedidos de nuevas despedidas. Gracias Mayda, Huso, por todo lo lindo que le han legado a mi Bahía… y por el cariño profundo. Gracias amigos de siempre en suelo madrileño, y amigos nuevos en tierras holandesas y españolas. Gracias a la vida, que me ha dado tanto…

México volvió a recibirme, con más páginas desgarradoras leídas, con ausencias…, con dolor, con alegrías. Mi familia por decisión, como ella misma llama a esto que hemos hecho juntas, me esperó en el andén con un abrazo cargado de amor. En la casa, la despensa estaba hecha gracias a G. La otra familia, la del círculo virtuoso, me espera el fin de semana. Yo trato de canalizar las muchas emociones para poder pasar del plano de las ilusiones al de la realidad, esta realidad atormentada que hoy vivimos los mexicanos, que de cualquier forma no está exenta de belleza, la rara belleza del ser humano y sus muchas solidaridades.

Este es mi último parte de guerra, no el definitivo, claro.

 

 

El tiempo

¡Dios del cielo…!

El tiempo se hizo trizas

Y yo apurada, sin darme cuenta.

Lo vi en las fotos de hoy

Contra los rostros invocados.

Las imágenes viejas ya no sirven

más que para los recuerdos

y las tenues nostalgias

 

Cómo cambió mi ciudad,

Mi gente, mis amigos.

Sigo escuchando las canciones

De las que nadie se acuerda ya,

Continúo en la tarea de ver parques

con bancos de florecitas de otoño,

sepias, secas, olvidadas, de papel.

 

Se desconstruye la historia,

Mi historia, todas las historias

Que nunca fueron realmente edificadas.

En pocas imágenes, cartas,

Cuentos inaudibles,

Remembranzas quebradizas,

Besos de la memoria,

perfiles desgajados, ojos muertos,

se quedaron los parajes de mi vida.

De amor hablan los vivos

BAJO LA LLUVIA

La cojera del gato descansa

en el cojín de sosegada penumbra.

La humedad arremete contra la fachada,

los horcones se resienten durante

esos fragmentos de humedad.

La estación suelta frío humo de difunto,

de arrabal brumoso. De la bocina emerge

la estantigua figura de bardo:

voz novísima ardía en operetas, pero

ahora gotea y cesa

de repente, tose y calla despectivamente.

 

Qué ardid de las mangas.

Campanas dobladas: tañidos bajo la saya

de la madre, aun cuando madre es un falso péndulo

con resfrió. Narices de estaño no tiemblan.

Pero estornudos suyos estremecen los horcones.

De la pared cuelga su retrato adolescente. La vieron

sacar un pañuelo de colores que no acostumbra

a lágrimas. Con ese lujo se sopla estornudos.

 

El juego de cartas españolas abre

en abanico. Toca madera grasienta y

ruido de vasijas. Muerte es la continuación

del viaje: ella pretende ser pasajero y nave.

Juegan a ganar o perder los sobrevivientes:

ríen a ratos sin dejar de contemplar,

con el rabillo del ojo: la suerte real acontece

en los naipes. De amor hablan los vivos.

 

Alguien anuncia café de la velada.

Observan cartas y monedas, parece rezo y

ovillo de pecadores. Madre fue maravilla asomada

a los balcones. Madre ahora es dama antigua

con un As de trébol debajo de la lengua.

Al fin la paz

Ansiedad

Porque voy, porque no,

Porque llegas,

Porque tal vez nunca regreses

Porque tengo trabajo

Y porque lo perdí

Por los sueños irrealizados, sí,

También por los que quedan en los ojos

 

Ansiedad, en la mañana, en la tarde

Más que nunca, en las noches

Ansiedad de tenerte en mis brazos

¿Y si no? todavía ansiedad

Ansiedad de caminar, de detenerme

De perderme y tener que encontrarme

De no querer encontrarme

 

Ansiedad por las horas, los minutos

Los años perdidos y los paraísos descontruidos

Por los muertos, los vivos

Los desaparecidos, los aparecidos

Por cada letra escrita en las últimas estaciones; el adiós

Ninguna ansiedad por el futuro

Bastan las soledades de hoy

MAÑANA A ESTA MISMA HORA

Utopías… El tren sale a las seis.

Mañana a esta misma hora estaremos camino a algún lugar. Todo habrá acabado. Dejaré atrás el pasado triste. Dejaré en las aceras de estas calles mi dolor, mis penas, los estragos de todo aquello que tanto laceraba, y volveré a sonreír. Diré adiós a los cafés de lágrimas, a las alamedas desiertas, a los rincones huecos de una vieja casa que nunca fue mi hogar.

Tú despedirás a tu gente, tu familia, tus buenos y malos amigos, las frustraciones de no haber vivido una experiencia intensa. Y me abrazarás en el camino para darme certezas, certezas de que todo estará bien. Besarás mi oreja y diremos adiós a cuanto nos impidió ser felices.

Seremos libres. Pintarás y cantarás a tu antojo, y te veré sonreír como si fuera la primera vez. Tendremos una niña de ojos intensos, quizás, o un par, o tres, e iremos al mar en el verano a hacer los castillos de arena con los que tanto hemos soñado. Te traeré café en las mañanas, y escribiré mil páginas de mis novelas inconclusas, imaginadas, frente a una ventana con vista al océano.

Mañana a esta misma hora dejaré ir los globos de helio de mi vida anterior; volarán y será definitivo. Tú me ayudarás, porque en ellos van también tus angustias, la soledad, los pasados violentos, irónicos, en que creíste perder lo que nunca tuviste en realidad. Flotaremos manos al viento para que sigan su curso natural, hasta perderse en el ocaso, y nos besaremos por vez inaugural.

Mañana a esta misma hora te espero en el andén. El tren sale a las seis. Ven, por favor, aunque no tengas pensado partir. Ven, aunque sea para obligarme a no subir las escaleras y quedarnos en esta ciudad muerta, vacía. Ven, porque sería más terrible no verte llegar, que abordar mi destino sin ti. Ven, aunque luego te vayas con los globos y la brisa a otro futuro que no sea yo.