A 4 manos

Foto de Andreina García

LIMBO

“¿Me estás escuchando?”, era la pregunta que él siempre le hacía cuando se daba cuenta de su mirada perdida y sus balbuceos como interlocutora. Su cuerpo estaba ahí, pero claramente su cabeza no. Ella le respondía que sí y le repetía la última frase que él había dicho para que no sospechara nada, mientras entraba lentamente en el limbo.

A este lugar llegan todos los que sueñan despiertos o necesitan evadir la realidad. Seguramente tú también has pasado algún tiempo aquí, a menos que seas un monje budista o practiques mindfulness.

Después de varios años entrando y saliendo del limbo a voluntad ya había hecho muchos amigos. Seguro era miércoles, pensó cuando se cruzó con Julián en un pasillo. Julián llegaba al limbo cada que vez que tenía clases de cálculo avanzado. Dio algunos pasos más y vio a Marina con su pareja sentada en un sofá. Lo más probable es que estuvieran en su terapia semanal con el psicoanalista. Y en este momento pensó que quizá era hora de llamar a su psicóloga para seguir explorando sus traumas infantiles. Siguió caminando y vio a un personaje con el que nunca se había topado y le llamó la atención. La única regla que existe en el limbo es “no les digas que están en el limbo”, ellos deben darse cuenta por sí mismos, de otra manera regresan de inmediato a la realidad y puede costarles mucho tiempo volver. Por lo general, las personas que se encuentran en el limbo no se conocen en la vida real. Vamos, es un lugar tan grande que las probabilidades son bastante bajas.

¿Quién era este hombre?, ¿por qué me sentía atraída hacia él?, pensaba mientras escuchaba la voz de su esposo a lo lejos.

¡Aló!, ¿me estás escuchando?, llevo diez minutos hablando solo, fue su cable a tierra. Esta vez no pudo repetir su última frase, se había enfocado demasiado en este misterioso personaje del limbo. Moría de ganas por regresar y descubrir quién era, pero antes debía terminar su conversación en el mundo real y decidir qué iban a preparar de cena.

Andreina García
Andreina García

Caraqueña viviendo en Ciudad de México. Publicista y fotógrafa amateur. Me gusta echar cuentos y a veces los escribo.