A 4 manos

Periodismo, literatura y artes

Cumbre Pico El Fraile, Nevado de Toluca

Partes de Guerra

Cambiamos la geografía de la montaña

Fotos: Gabi Guerra y cortesía Flavio C. García

Cumbre en el Nevado de Toluca

Sentada sobre una laja filosa, sin mucho de qué aguantarse a los costados, con los pies colgando al vacío, a 4660 metros sobre el nivel del mar y con una de las vistas más impresionantes que ojos humanos hayan visto… Así quisiera vivir más horas de mi vida. Pero las sorpresas grandes siempre duran poco, aunque perduran en el recuerdo.

Un poco atontados por la falta de oxígeno que a esas alturas se comienza a sentir, no cabíamos, no obstante, dentro de nuestros cuerpos emocionados y temblorosos también por el esfuerzo de más de tres horas subiendo montaña. Bajo nuestras pisadas las grava rodaba, haciendo lenta la subida y pesado el camino. Pero cuando entornábamos la vista arriba, donde el pico El Fraile nos esperaba, la cumbre más alta del Nevado de Toluca, sentíamos que todo era posible. Los pies entonces se aligeraban y sin pensarlo comenzábamos a movernos todos, desde los pies hasta los neurotransmisores que son responsables de la felicidad. Éramos felices.

Al fondo, el Pico El Fraile

Al fondo, el Pico El Fraile

Yo estaba viviendo un sueño, yo que mucho he soñado. Pero cada uno de nosotros, un grupo de quince personas, traía a cuestas sus propias ilusiones, metas, deseos, sueños… en las laderas de los peñones, arenales de diversos colores hacían franjas como arcoíris, mientras abajo, las lagunas del Nevado reflejaban todos esos matices del paisaje. “Yo que tanto lo había soñado, descubrí algo más bello de lo que pude imaginar”.

Las lagunas reflejan los colores de la montaña

Las lagunas reflejan los colores de la montaña

Flavio y Tina nos guían, con piernas fuertes, por entre rocas y gravas, sobre las losas finas, y nos hacen tocar una cima, que en ese momento se antoja la cresta del mundo. El aire golpea fuerte, nos apegamos más a nuestros rompevientos, y nos compartimos, entre risas y fotos, los sándwiches de alguien y el té de coca de Flavio que nos va a hacer resistentes. Abrazamos la piedra cumbre como antes abrazamos el camino. Ante nuestros ojos, ese sistema de escarpados, laderas, bosques, lagunas multicolores se revela y no podemos parar de mirar. He sacado 40 fotos casi iguales, porque tengo la sensación de que es un espectáculo irrepetible y se me va a ir más pronto que tarde.

El Nevado de Toluca

El Nevado de Toluca

Arriba, sin embargo, lo que impera, a pesar del grupo, es la paz. Esa paz infinita que te regala la montaña y te hace grande. Esa paz que te va a permitir vivir los siguientes días o semanas, hasta la próxima aventura.

Cumbre en el Nevado de Toluca

Cumbre en el Nevado de Toluca

El regreso es una procesión de humanos cuasi arrastrándose por la grava floja que se desliza bajo los tenis o las botas de viajero. Las piernas deben tomar su forma más concreta para resistir el descenso, al final del cual nos esperan las orillas acuosas y coloridas. Tanto se ruedan las rocas pequeñas y piedras bajo nuestros talones, que tengo la sensación de estar cambiando la geografía de la montaña. Pienso, ¿si miles de viajeros no hubieran caminado estas laderas, cuán diferente serían sus parajes? No tengo respuestas. La montaña es como el río, que corre todo el tiempo, que se expone a los vientos, a los tacones de los caminantes, a los tenis de los corredores, a las tormentas y los soles, a la nieves (aunque ahora es verano y no hay blanco a nuestro alrededor). La montaña es un ser vivo cuyo cuerpo se transforma cada día con los sueños de sus exploradores. Nosotros también somos responsables de eso…

Cambiamos la geografía de la montaña

Cambiamos la geografía de la montaña

Conoce más y ve el álbum completo en:

https://www.facebook.com/pg/siguetusinstintosviaja/photos/?tab=album&album_id=1630991270254481

 

Froilán Escobar, de pie, a la par de Eloy Machado, uno de los personajes de la novela, y de Labios, su mujer, en La Habana.

Entrevistas a escritores

“Antes solo escribía poesía en versos, ahora la narro”

Conocí a Froilán, ¿cuándo? Cuando era una niña, seguramente desde el nacimiento, porque él y mi viejo ya llevaban años trabajando juntos, subiendo montañas, ideando libros y pagando castigos injustos. Pero mis recuerdos se remontan a los primeros años de vida, quizás, cuando mi hermano y yo correteábamos por su casa de Subirana y jugábamos con sus hijas postizas. O de los tiempos en que teníamos que estarnos calladitos porque él y mi padre entrevistaban, con una vieja grabadora de cintas, a Freddy Ilanga, el traductor de Swahili del Che en el Congo. Aquellas entrevistas se convertirían en un libro muy importante: El año que estuvimos en ninguna parte, que revelaba la travesía del Che en aquel país africano, y que desplegaría enorme polémica. Aquel libro nos generó no pocos dolores de cabeza a nuestras respectivas familias por la triste decisión de compartirlo con el escritor mexicano Paco Ignacio Taibo II, historia nunca revelada pero que marcó duramente nuestros años de Periodo Especial en la isla.

Abolida la infancia, pasado el tiempo, ya emigrante él y en Cuba nosotros, nos volvimos a encontrar una tarde mi padre, Froilán y yo en el Opus Bar del teatro Amadeo Roldán. Yo era una jovencita con aspiraciones de escritora. Ese día me llevaron a conocer a Cintio Vitier y a Fina García Marruz, dos de los más grandes escritores que dio el siglo XX cubano. Así, su recuerdo para mi está ligado a momentos excepcionales.

Hace unos pocos años, envuelta yo también en mis destinos emigrantes, nos reencontramos vía mail, skype y los modernos medios electrónicos. Casi podría asegurar que ese reencuentro cambió mi vida de escritora. Froilán se leyó mis libros y yo me leí sus libros. Nos dedicamos largos ratos de reflexión, de compartir imágenes bellas que nos cruzaban por los ojos y la vida. Froilán recomendó mi novela Bahía de Sal a la editorial española que ahora nos publica a ambos: Ediciones Huso. Y fue de las primeras personas a las que escribí cuando me llamaron del INBA para decirme que mi obra había ganado el Premio Juan Rulfo de primera novela en 2016. ¡Cómo no estarle agradecida! Él fue uno de los primeros que me dijo que era una verdadera escritora, y no ha parado de darme aliento.

Hoy conozco buena parte de su obra. Creo conocerlo un poco más, además de como lejano (en el tiempo) amigo de campañas de mi viejo, como escritor, poeta, artista y como humanista. Confío en sus palabras y abrazo su amistad. Espero que estos poco detalles de una vida rica y compleja le den al lector una idea de ese universo que lo habita y que para mí ha sido un mundo paralelo donde a veces me es muy grato refugiarme.

 

Entrevista con Froilán Escobar

 

Naciste del periodismo y eres un académico, ¿Qué inspira a Froilán?

La poesía y el mundo. Es un viejo sueño que no he parado de soñar. Que viene desde que oía a mi padre leer el Cantar de los cantares o Las mil y una noches. Me buscaba en esas palabras que él leía. Me hechizaban esas palabras que él leía. Las palabras y el mundo crean en mí un ritmo secreto de realidades y resonancias, que engendran un eco y un desciframiento.

 

Tres en una taza es tu última novela publicada. Ahora se comienza a hablar y a escribir sobre algunas épocas de la Cuba revolucionaria, pero tú la ves a través de un cristal diferente, tú inventas un viaje antes del viaje con elementos tan preciosos de la cultura cubana como Lezama Lima. Háblanos de tu sentir.

Tres en una taza es un viaje alucinado por La Habana de los años 70. Una guagua, un ómnibus, recorre la novela, pero no va por las calles sino por dentro de las casas. Metáfora del absurdo que me permite expresar el absurdo de la realidad. Además del personaje central, un joven periodista al que sacan de la prensa, subo al ómnibus a muchos personajes, reales e imaginados. Figuras como la de José Lezama Lima, que asiste a su propio entierro; Guillermo Rosales, al borde ya de su Boarding home; el poeta negro Eloy Machado, que pasó de mendigo a poeta; los trágicos gemelos Yo y Tú, que son el mismo personaje, pero viven escindidos, separados: uno en el pasado y otro en el presente; una mujer de fosforescente belleza que lo llena todo en un momento en que faltaba todo; y un montón más. Con este apretado cúmulo de historias y personajes, busco mostrar lo hermoso y lo terrible de esa década. No oblitero nada. No dejo a nadie fuera. Reúno a los que disienten y a los que chisporrotean por el júbilo. Es un contrapunto proliferante de contrarios. El desastre y la alegría. Solo así podía ser fiel a lo que yo viví. Solo así podía salirme de lo encapsulado, de lo unilateral, para mostrar, a la vez, un mundo donde la realidad perturbadora se mezcla con el delirio hasta el punto de crear dimensiones esquizofrénicas, inesperadas, inquietantes.

http://guerraa4manos.com/resenas-literarias/2016/08/tres-en-una-taza/

 

Froilán pinta también. ¿Es un pasatiempos, una necesidad, otra forma de expresarte?

La palabra y la imagen juntan sus vislumbres, atrapo así figuraciones, sentidos que busco.

Tejiendo la historia de su padre. Froilán Escobar. Acrílico sobre lienzo.

Tejiendo la historia de su padre. Froilán Escobar. Acrílico sobre lienzo.

 

¿Cómo escribes? ¿Cuándo? ¿Cuál es la rutina? ¿Qué tipo de escritor crees ser?

Yo diría que mi método es subjuntivo, porque tiene que ver con el deseo: con que mis palabras expresen, así mediante, un querer ir más allá. Vislumbro, adivino, abro un paraguas no para que empiece a llover, sino para empezar a soñar con la lluvia. Practico, mediante las palabras, la taumaturgia. Las palabras son los signos de un misterio.

 

¿Qué viene en camino?

Travesía, una novela que cuenta dos historias de dos personajes: uno llega a España como judío esclavo desde el pasado remoto de Babilonia, y va en esa travesía, a medida que se acerca a los reyes católicos y a Cristóbal Colón, hacia el otro personaje, que también lo busca por otra vía y que también va a su encuentro desde Costa Rica. Es una suerte de anagnórisis que los junta en el tiempo y en la novela.

 

Me dijo un poeta cubano que alguna vez hiciste poemas. ¿Nos podrías compartir alguno? ¿Todavía escribes versos?

Nunca he dejado de escribir poesía. No sé expresarme de otra manera. Antes solo la escribía en versos: ahora la narro. Asumo en mis novelas las formas antes reservadas a lo poético. De cuando en vez, escribo versos. Tengo un poemario inédito: La puerta de los besos.

Aquí te va uno:

La ventana

La ventana ya estaba ahí

colgando como un cuadro más

en la pared.

Cumplía estrictamente sus funciones de ventana

al traernos

por las tardes el mundo.

La ventana ya estaba ahí.

Yo la veía vivir

para que viéramos.

Era mucho más que un sueño

con paisajes nunca vistos de mujer.

Un pájaro anidaba allá lejos

sobre el oscuro dintel del horizonte.

Habría que regalarle ventanas a la gente.

Cómo hay azul afuera

apoyándose sobre tu hombro.

Cómo hay también estalactitas tuyas

que convidan a la inocencia,

y al que huye por aquel lado

donde una vez pasaste.

Nada es comparable a mirar desde aquí

el árbol que da sombra a tu rostro.

Yo dibujo los techos de las casas

y después las habito con mis manos

del cielo para arriba.

Aún quedan joyas,

el naipe se encabrita

cuando trae sobre tus ancas

nuestra suerte.

Cada vez que me asomo veo venir

tus pasos seguidos de una columna dórica.

Por aquel camino viene el día.

Asómate para que veas.

Esta ventana da incluso al cementerio,

da al bosque aquel que fue nuestro una vez.

Esta ventana me acompaña siempre.

Sin ella nada sabría de las noches.

Sin ella la vida sería invisible para mí.

No te quedes sola con el cielo.

Asómate conmigo

para que veas sobre el polvo

la huella que dejan nuestros pies.

 

Las futuras generaciones de escritores “diletantes” tienen una pregunta eterna para los escritores “profesionales”; ¿Qué hay que tener para llegar a ser uno de ellos?

Querer hacer.

 

¿Martí a flor de labios es uno de tus primeros libros. Muchos años después, vuelves a la figura de Martí ¿Qué buscas?

Tocar al ser humano, acercarme al hombre metido hasta el corazón en sus circunstancias.

 

Cuba, luego Costa Rica… ¿Qué cambia en tu propia travesía y qué nunca cambia?

Antes estaba parado en una isla, ahora estoy parado en el planeta. Antes y ahora, sigo viendo en el cielo cómo la nebulosa de Orión, luego de un estallido descomunal, se convierte en mariposa.

Nebulosa de Orión

Nebulosa de Orión

Muelle solitario al atardecer

Cuentos del conde

VIAJES

Tomado de A propósito de san Juan y otras miniaturas

El capitán dio la orden. Levaron anclas sin dejar de mirar las cadenas chorreantes; largos trozos de algas lagrimeaban enredados en los eslabones. La tripulación tenía prohibido despedirse. El Golondrina ondeó majestuoso sus velas y, contoneándose, zarpó cuando empezaba la lluvia.

El viejo capitán agitó su pañuelo empapado y luego se alejó tierra adentro, arrastrando los pies cansados en los sucios tablones del muelle.

Molino Blanco Ediciones

Serie de poesía cubana, Volumen 1

Estas selecciones poéticas se comenzaron a publicar alrededor del 2010 en la sección Tropos de CubaLiteraria, la página web de los escritores cubanos. Ahora MOLINO BLANCO EDICIONES ofrece una Serie de poesía cubana, en volúmenes de diez autores, para su distribución entre los propios poetas escogidos y otros amigos interesados. También en la sección de CubaLiteraria se han publicado clásicos de todos los periodos, pero aquí solo incluimos a autores incorporados a la creación lírica después de los años sesenta, y sobre todo a los que poseyendo un nivel de calidad han sido menos favorecidos por la promoción. El propósito esencial consiste en contribuir a su conocimiento y difusión general.

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MOLINO BLANCO EDICIONES trabaja digitalmente por la promoción de la poesía, y ofrece publicaciones de diferente perfil editorial y obras diversas en las temáticas que alrededor del universo creativo de este arte tienen que ver con el desarrollo de la espiritualidad y la formación humana.

MOLINO BLANCO EDICIONES es una plataforma de promoción digital del Grupo Eurekíada.

Lisiados de Guerra, OTTO DIX, 1920

La letra del escriba

Antibiótico Nacional

Del libro, Atajos para no encontrarse. Cuba.

  

a Bernardo Rodríguez Ramos.

…otro cosmonauta político.

 

Es duro no tener una medalla

Donde dejar un pulmón o una pierna

Un diploma que nos acredite el pecho

A la hora del homenaje

Es injusto quedarse con un solo disparo

Volver sin perder al menos la memoria.

La guerra no se hizo para los débiles

Ni para los millonarios

Es fácil no tener donde amarrar la chiva

Donde poner la boca

En boca de otros

Y exigir un puesto en el Congreso

De los mutilados.

 

Mi abuelo fue a la guerra

Tenía un cuarto para las medallas

Y uno para pasar el hambre

Vino con la cabeza llena de musarañas

Hablaba solo

Se dormía escuchando fotografías

De muertos

Otro chiflado más

Quién indemniza la demencia.

 

Es duro no tener una medalla

Donde hincarnos a llorar

Un lugarcito

Para colgar los diplomas

Que nos legó la burocracia.

No pasar inadvertido

La letra del escriba

FIN DE LA ERA

Del libro: Dramaturgia de las piedras

 

 Soy el individuo y grano de la especie.

Atributos físicos que cargo los llevan todos masivamente.

Y llevo los atributos que cargan todos.

Mi boca no canta pero dialoga.

Mi mano no se agita en los discursos.

Pero escribe versos.

 

Mi nariz es cada vez menos recta, pero igual olfatea y presiente los peligros.

No soy sordo pero a veces padezco de sordera.

Mis ojos no son azules ni verdes,

pero son de otro color: logran ver a kilómetros

de distancias y astros en el cielo.

Lo imprescindible para no cruzar a oscuras.

 

No hay grandes desemejanzas, solo pequeñas

desemejanzas. No hay grandes semejanzas, solo pequeñas semejanzas. No existen enormes desigualdades, solo diminutas desigualdades.

No existes enormes igualdades, solo diminutas igualdades.

 

Soy la persona que firmo al pie de algunas cartas y sufre sus amores.

Hago oír mi voz en el grupo y la familia. Y

los que opinan saben que yo tengo

mi opinión.

 

Parezco sospechoso solo cuando cargo

sospechas. Cuando camino entre ingenuos

casi siempre parezco una persona ingenua.

Soy pizca en la multitud y nadie en la multitud

es mayor que una pizca.

 

Lo imprescindible para no cruzar a oscuras

 

Soy el individuo y grano de la especie.

Fin de la era de pasar inadvertidos.

 

 

 

El libro no escrito

La letra del escriba

Letra muerta

A veces, entre las sombras, frente a mis ojos
pasan fragmentos arrebatados, héroes sonoros,
frases aladas, sagas ignotas, hondas estrofas
que se diluyen en los jirones de la memoria.

 

Libros enteros que yacen muertos y sin que nadie
pulse sus hojas, huela su tinta, cante sus letras.

 

Son edificios que nacen ruinas, vastos espacios
cuyos secretos no revelados nadie atesora.

Laberinto medieval

Cuentos del conde

EL MÁS GRANDE MATADOR DEL MUNDO

Tomado de A propósito de san Juan y otras miniaturas

Desde un principio tuvo la fama segura: toda vez que hollaba el redondel, y en especial cuando blandía el acero, emergían ante su vista alucinada los marmóreos muros del infausto laberinto.

Circe

Cuentos del conde

Los efluvios de Circe

Recordaba haberla conocido como se descubre una obra maestra: un Botticelli de cabellera oscura, pavonado de conchas y colmado de persistencias marinas. Como suele sucederles a los hombres, se enamoró viéndola reaccionar ante las cosas que él le contaba. Cuando la besó por primera vez, sintió que se adentraba en una ciénaga radiante que lo había estado esperando desde el inicio del tiempo. A partir de ese momento, se embelesó con el país inagotable de su cuerpo, y la amó como solo puede amarse un panorama que sentimos nuestro, abierto a la exploración, pero también proclive al reposo. Viendo su rostro, fue testigo del modo en que el amor transforma nuestros ojos, revelando la vulnerabilidad más profunda. Así, se asomó a un abismo que lleva a algunos a la dominación y, a veces, incluso al desprecio.

Poco a poco, insidiosamente, la realidad vino a mezclarse en las charlas y caricias cotidianas. Descubrió sus miedos, sus insatisfacciones, los desórdenes congénitos que perturbaban sus entrañas y descoloraban su buena disposición. Se asomó a la falta de sueño que la invadía por las noches y a las pesadillas que le hacían extrañar el insomnio durante el día. No pudo evitar darse cuenta de que, aun en lo más profundo de esos pantanales, su amor permanecía fijo.

Al cabo de un tiempo, fue ella quien dejó de amarlo, pero no lo abandonó. Seguía abriendo las ventanas para dejar entrar el aire, colgando la ropa interior en el toallero del baño, poniendo a hervir el agua para el té vespertino. Por las tardes, se concentraba en los proyectos que su imaginación le imponía, y en el trabajo que ejecutaba con una pulcritud perfeccionada por el odio. Luego cerraba la puerta de su habitación para tratar de conciliar el sueño, mientras él se empeñaba en imaginarla del otro lado de la puerta. De vez en cuando, le daba el presente magnífico de quedarse dormida entre sus brazos, pues un cansancio misterioso solía invadirla cuando estaba con él.

Un día llegó y puso un pequeño frasco en la repisa junto a la cual se habían besado por primera vez. Volteó a verlo y sus ojos, que ya no mostraban ninguna vulnerabilidad, parecían querer transmitirle algo, pero él no entendió si era una advertencia o simplemente un mandato. Nada cambió, pero a partir de ese momento el frasco y su contenido llenaban la habitación con un palpitar recóndito.

Pronto, se encontró dando vueltas alrededor de la repisa. Tomaba el frasco entre sus manos y sopesaba el contenido, que parecía denso y aceitoso. Luego lo dejaba en su lugar, cuidando supersticiosamente que pareciera que nadie lo había tocado. Sobre los ruidos variopintos del acontecer cotidiano, el frasco se destacaba con un estrépito silencioso que desviaba su atención, normalmente enfocada en los despojos de un amor cuya esencia lo evadía cada vez más.

Ella, por su parte, se iba recogiendo en el interior de sí misma. La imaginaba transitando desnuda por los pasillos de aquello que algunos llamaban el ego, en un esfuerzo por simplificar lo inasible, lo irreparablemente complejo.

Una tarde, mientras ella descansaba del otro lado de la puerta, el gato del vecino se introdujo en la casa, subió a la repisa y estuvo a punto de hacer que el frasco cayera. Él alcanzó a impedirlo, cargó al felino, se quedó con el frasco entre los dedos y fue a sentarse al sillón. Mientras acariciaba la sedosa pelambre, el animal se quedó dormido entre sus brazos. Sintió su respiración acompasada y escuchó el áspero ronronear que sincopaba la herencia de toda una especie.

Entonces, tomó el frasco y de una vez por todas se dispuso a apurar su destino.

Sermón

La letra del escriba

SOBRE TEQUES Y SERMONES

Todo, según criterio básico pero bien generalizado, nace, se reproduce, pierde poco a poco la memoria y deja los dientes en alguna parte. Es decir, muere.

Todo o casi todo, aclaremos.

Porque TEQUE político, cuyos ancestros ideológicos, políticos e imaginarios, han sido, entre otros, los sermones religiosos de siglos anteriores, así como los imperiosos discursos de las cortes, hoy parecen tener vida eterna y licenciosa.

Es parte imprescindible de la retórica de la lucha por el poder, que nació adulterada, vieja y floja de métodos, pero que se sostiene con la antilógica de aquí solo yo puedo tocar.

Afirmar radicalmente cualquier asunto, sin gran importancia, por supuesto, porque a nadie se convence de una “verdad” sin categoría engolando voz, con pasión ardua, o argumentos de espectaculares calibres, como lo mejor del mundo o de ahí para allá no hay más pueblos.

En decir, para convencer que esta mandarina está agriar, no necesito citar a Cervantes o Shakespeare. O recordar escenas Chaplin o los Hermanos Marx. O acudir al Big bang.

Si lo quieres creer, bien, y si no también. Sino, prueba la dichosa mandarina.

Pero el Poder, y muy en particular poder del Estado y de los gobiernos, aspirarlo, retenerlo, no es bagatela cualquiera.

Obligados estamos a traer a colación a Demócrito o Sócrates, a Hegel o Marx, al manifiesto de Lyon o a Maquiavelo. A Sansón Melena. Al que sea. Y el argumento que valga o no valga, las citas de los más notables. Y los traes, corriendo, porque en ello te va a menudo algo más importante que la propia vida.

Hubo épocas, todas las épocas, hasta nuestros días, que se obstruía a paso forzado la inteligencia, el discurrir, el pensamiento renovador, la verdad que dudaba de verdades anteriores. Cualquier treta para que no cambies formas de pensar, para que continúes pensando como yo, eh. Es lo más seguro y además lo menos arriesgado.

Algunas verdades superestructurales, de arriba, urdida por sabios, teólogos, filósofos, astrónomos, sabios, políticos, etcétera, se congelaban y congelan por decretos parenéticos, libros sagrados, manuales y vulgarizaciones, a lo que suman los poderes mediáticos modernos y contemporáneos, con respaldo oficial de los cuerpos armados.

De esta forma, entran a dominar con más fuerza que los decretos judiciales y los propios fusiles.

¿Quiénes lo practicaron siempre, en cada era?

Pues: poderosos, reyes, emperadores, papas, gobernantes, políticos, primeros ministros, presidentes, cúpulas religiosas. Principalmente.

Enormes y prolongadas censuras y autocensuras generadas, prohibiciones y reprobaciones de todas las épocas anteriores, tienen, sin falta, a sermones y teques, panfletos ilegítimos,  recubierta con oratoria y divulgaciones panfletarias y hasta cuasi sagradas, como aliados incondicionales.

Como armas, en fin, de filo fatal, para desangrar sin necesariamente aniquilar.

TEQUE es, para definir, secuela dogmática que deriva de cualquier doctrina, ideología, religión, política o tendencia de pensamiento en el poder, con pérdida de ética, estética y renovación continuas.

Resulta suma de sectarismos y deformaciones de ideas y conceptos, adoptadas a contrapelo de dialéctica, historia, razón, ciencia, lógica, percepciones, intuiciones, imaginación, praxis en movimiento y desarrollo dentro de la gran cultura humana.

Teque, traducido a un idioma más universal, equivaldría a muela, sermón, reprimenda, reconvención o rapapolvo. A quédate tranquilo  en la oscuridad.

También, en otros diccionarios, a dalequedale, charlaquecharla, verborrea, monserga, rapapolvo, panfleto, que en la acepción cubana además significa razones y verdades están todas en mi regaño o explicación. Nada que ir a buscar en otra parte. Lo que digo, parrafada o cháchara, es absoluto y no es posible objetar. Soy quien piensas y tú

un pequeño rebaño.

Otros sinónimos admisibles serían Disco rayado, machaque, pique. Etcétera.

Para mí criterio, TEQUE, contemporáneamente, tiene además varios otros significados y raíces, establecidos y enriquecidos por la experiencia y semántica existencial de las últimas décadas.

Yo casi afirmaría, sin orden de jerarquía, que cuatro o cinco son los responsables históricos más importantes del teque palabrero que inunda tribunas, conclusiones, asambleas, reuniones, foros, congresos y congresillos y además a menudo la prensa escrita, radial o televisiva de nuestros tiempos.

1, Dogmatismos, 2, Ignorancias, 3, Fanatismos, 4, Oportunismos.

Mezclados y en perfecta sintonía, 1, 2, 3 y 4 son, a mi criterio las causas principales en los registros de mensaje que se deforman con verdades a priori y medio verdades pomposas, absolutizadas y solemnizadas una detrás del otra.

En la médula de los teques oportunismos se mueven además los intereses individualistas, que no individuales, que principalmente sirven a Estados y a  gobiernos del mundo.

Lo anterior no descarta otros fundamentos, en búsqueda para consignar el fenómeno en sus múltiples raíces y repercusiones.

Repasemos lo anterior.

1, Dogmatismos: fes, credos, verdades repetidas sin comprobación, desde siempre y hasta el cansancio. Repetición de ensalmos trasladados de uno oídos a otros, sin reflexión ni espíritu crítico. Dogma puede ser místico, tanto arrebatado como contemplativo. También ascético. O sea, austero y frugal: concibe la existencia como un sacrificio permanente. Aunque también interminable, incontestable e indubitable.

2, Ignorancias: visión unilateral, falta de información, gente con poca escuela y exigua ética. Repetición de ensalmos y manuales, frases ritualizadas, oraciones sacralizadas. Repugnancia por ideas diferentes. Afirmaciones solemnizadas. Iconicidad glorificada.

3 Fanatismos: parcialismo, ceguera, exaltación doctrinaria. Exceso de convicción, crea fatales fanatismos incurables. Exceso de exaltación refiere apasionamientos ciegos y/o oportunismos.

4 Oportunismos: temor a perder algo o ser mal enjuiciado desde arriba, apetencia de autoridad, influencias, cargos o bienes materiales. Sostengo una opinión de indubitables consecuencias en mi entorno político y oficinesco y tengo otra para el ocio casero. Y en la caja de caudales, otra con algunos importantes dividendos a mi favor.

Otras causas azarosas, potenciales o incluyentes:

Intolerancia: secuela de todas las enfermedades infantiles, con poco respeto y abundantes sentimientos de sospecha maligna hacia el interlocutor.

No reinterpreta nunca ni reanaliza ni está disponible para el debate. Sus verdades son autoritarias y eternas, además de acendradamente personales y producto de su ego deformado. Conduce a retorcidas interpretaciones de las más naturales, puras y hermosas de las creencias e ideales humanos.,

Enemiguismo: hostilidad intrínseca, pariente cercano de el otro siempre es malo y en consecuencia yo y nosotros somos siempre buenos. Enemiguísimo rechaza análisis crítico y pensamiento complejo.

Consignismo: se enhebra con repetición de consignas, máximas e insultos seculares. Incluye algunos sentimientos de plaza sitiada, apelados de forma viciosa, bajo el supuesto de que algunas palabras pueden ayudar al enemigo. Incluso por supuesto que los silencios sospechosos también ayudan por extensión.

Falta de opinión propia y capacidad crítica. Repeticiones de verdades u opiniones para intentar predominar a ultranza. Estés o no estés tú mismo convencido de tales retóricas.

Es decir, existe un componente hipócrita y del ego. Incluye alteraciones verbales y enrojecimientos durante los debates.

Adoctrinamientos: formas intolerantes, apasionadas y extremistas. Necesidad de prevalecer. De convertir al adversario. De practicar proselitismo a ultranza. Y no tener orejas para escuchar ni oídos para oír.

Algunos fabricantes noctívagos de teque pretenden que, con cierta dosis de poesía rancia o acaramelada, muy previsible, ya el teque  deja de ser teque. Supone un periodismo de más alto vuelo, aunque cargue con idénticas antiguas afirmaciones. La verdad y las hipótesis y los concepto no se remozan con nuevas lecturas y  avances del pensamiento –dicen-, sino con un caramelo intercalado. Amplio uso mediático hoy día. Prensa en particular.

Antídoto del teque mediático, o cualquier otro, es investigación empírica y académica, experimentación científica, lectura de la gran poesía y literatura universal. Repaso del magnífico e inconfundible patrimonio cultural de la humanidad. Asimilación de la filosofía de todos los tiempos.

Resulta de manera imprescindible evitar lugares comunes y romanticismos baratos y viciosos. Y una sintaxis reflexiva y ecuménica.

A la difícil y casi imposible objetividad, es posible siempre un grado mayor de acercamiento. Mediante amplitud de análisis, debate, mente fría, aunque corazón caliente y contento.  Agregar vocabulario amplio o amplísimo, coordinaciones ejercitada en busca del tono y decir correctos, incremento de saberes y en especial del tema en cuestión.

El cronista, sea cual fuere su especialidad, no debe (o no debiera, digo yo) utilizar su letra para halagar ni engatusar, especialmente a políticos. Gobernantes y en general a los más poderosos.

Se exponen, saben qué, a desaprobaciones u olvidos futuros. Aunque ya hoy y desde ayer, satirizan a mandíbula risueña y a su costa, los lectores de cualquier latitud y creencias. El mundo se informa y ya no es para casi nadie el mejor de los mundos posibles.

El teque es por naturaleza retrogrado, tosco, simplista, reduccionista y rutinario, portador de mentiras y verdades a medias. Mediocre, dependiente, incompetente. No convence a casi nadie mucho tiempo o solo a pares de antemano convencidos.

Teque, junto a otras formas de manipulación, corrompen ideales originarios. Los privan de su integridad, ternura y poesía esenciales.

Ideales y filosofías cercanas a progreso, democracia, libertad, humanismo, justicia social e igualdad humana, no riman con panfletos y teques. Teque y panfleto esencialmente no congenian con los textos más soberbios y emancipadores, que son siempre refractarios a esas corruptelas transitorias del pensamiento humano.

Criterios asentados en el amor individual y colectivos, en la justicia humana, difícilmente apelan a facilismos, complacencias y trivialidades.

Teque es retraso, pérdida de tiempo para adelantar con las ideas y desarrollar el pensamiento con nuevas luces.

Teque llega a contradecir (traicionar), por repetido, inmóvil e insulso, los ideales originarios y convencen finalmente de todo lo contrario.

Teque es género del incondicional que apela a la incondicionalidad.

Teque o sermón es una piedra lanzada contra la inteligencia del individuo y el ciudadano.

Finalmente, en el terreno de la política, construye lectores repugnados y escépticos, aburridos de las cantinelas, que concluyen por apartarlos de momento y dejarlo de lado para siempre.

FELIX-GUERRA-POETA

Entrevistas a escritores

“No soy un imperio en decadencia”

Encuentro con el narrador, poeta y periodista, Félix Guerra Pulido

Publicado originalmente en el año 2008 en El Caimán barbudo

 

Félix Guerra Pulido (que honor le hace a su nombre), es de esos felinos que todos los días perfecciona sus técnicas de acecho. Iniciado en las lides del periodismo en los años 60, cuenta con 2 500 trabajos publicados y más de 15 libros. Un día, no por azar, me reveló algunas de sus mañosas estrategias.

¿Al llegar a los 70 años, cuando dedicaste  40 al periodismo, algo declinó o la caminata de años paga en vitalidad creadora?

No soy un imperio en decadencia, si es lo que preguntas.

Mi vida está marcada por el trabajo: cada día un poco y algunas mañanas algo más. A la rutina, contra rutina. Vivimos en ciclos de recurrencias, sol y luna, almorzar y volver a almorzar. Contra ese horizonte de sucesos, el antídoto posible es imaginación y voluntad creativa. Dudar de lo que oyes y ves. Amar lo que oyes y ves. Vivir lo que vivas con los poros abiertos. Y lectura, mucha lectura.

No hay que parecerse a los imperios, que si declinan es para mejorar la Historia.

Empezaste en la prensa y la literatura en los años 60. ¿Cómo recuerdas la vorágine intelectual de aquella década fecunda?

Comencé en la revista MELLA, órgano de la UJC. Entré, lo confieso,  por una puerta ancha: subdirector. Enfrenté, sin embargo, una tarea para la que enseguida me consideré apto. Fue autosuficiencia personal y la que suministró una época milagrosa de romanticismos y utopías.

En aquel equipo formaron fila Virgilio, gran dibujante y caricaturista de la prensa cubana, Juan Ayús, luego diseñador del Caimán, José Luis Posada, ilustrador, dibujante, grabador y quien más tarde, con su plumilla, le puso definitivas barbas al Caimán.

También Fremez, Roostgard, Villaverde, jovenzuelos y sonrientes. Colaboró Nuez con su plumilla ingeniosa. En la nómina de redactores, Guillermo Rodríguez Rivera, Víctor Casaus y Antonio Conte, fundadores también del Caimán. Silvio Rodríguez fue aprendiz de dibujante. Otro colaborador y caimanero fue Froilán Escobar, que venía desde San Antonio de las Baños con sus prístinos textos periodísticos bajo el brazo.

Allí decidí: el periodismo era el camino. Ese bicho traía en la cola al narrador y aspirante a poeta que soy todavía. Si sacamos cuentas exactas, aquel MELLA fue la antesala numerosa del Caimán Barbudo.

Cuéntame de la fundación de El Caimán.  ¿Nació con barba o le creció después?

Imposible nacer sin barba y melena en aquella época, a pesar de que fueron muy mal vistas por los dogmáticos. Algunos éramos lampiños, pero con abundante barba interior. Esa nunca fue afeitada, aunque sí perseguida. Era época de tocar el cielo con la punta de las ilusiones, concebir un suelo libre de malas yerbas, bañarse sin jabón de tocador en los ríos de las montañas. De cargar un fusil máuser en el bolsillo, desplazando los peines de retocar el tupe hollywoodense.

El Caimán fue  hervidero de creación e irreverencia: no quiero decir que todo fue bueno, sino renovador. Fue retomar a Martí y Vallejo, a Whitman y Eliott. Descubrir a Borges y Guimares y Rimbaud. Exorcizar musas rojas con Maiacovsky, Eluard y Roque Dalton. Quisimos ser los “niños diablos” de Lezama o infantes terribles al estilo de las vanguardias que a inicios del siglo XX movieron el piso al planeta. Tarea por la que todos tuvimos que pagar un precio a manos del Realismo Socialista y la burocracia del Decenio gris.

El Caimán nació con nosotros, primeros novísimos, hasta que el tiempo trajo otros novísimos. Pero del  primer Caimán reverdece aquel manifiesto que declaraba, irreductible, que el asunto en cuestión no era cantar a la Revolución, porque éramos la Revolución, sino lógicamente pronunciarnos DESDE la Revolución.

¿Qué contactos con La Nueva Trova, cuando el arte respondía a  nuevos paradigmas culturales?

Silvio laboró en MELLA, como dibujante, luego fue asiduo del Caimán. Incluso recuerdo recitales entre poetas del Caimán y la Nueva Trova, allá en Bellas Artes. Tiempo después, desde la revista CUBA hice una entrevista colectiva, quizás la primera, al germen de la Nueva Trova, donde se agrupaban Nicola, Eduardo Ramos, Silvio, Sara González. Creo que la Nueva Trova y los poetas del Caimán inicial quisieron expresarse con paradigmas, como dices,  para los que no estaba apta la susodicha burocracia de los 70. Aunque sí, por supuesto, la época. Pero ellos se abrieron camino y formaron un elenco imbatible. Algunas importantes figuras de la nueva cultura socialista ofrecieron respaldo y eso los ayudó a sostenerse en el vaivén. Casa de las Américas y el ICAIC, jugaron roles decisivos.

Poesía  y poetas del Caimán, a causa de muchos factores, no tuvieron suerte tan fulminante y sobreponerse resultó una historia más larga. Pero ¿qué combate pierde la poesía para siempre? La poesía se nutre de inspiración y musas, poesía ya escrita, vida marginada e íntima, y de derrotas, pero igual de toda ética y amor social que otras instituciones y personas abandonan al camino. Devora intolerancia y la convierte en perseverancia, irreverencia, resistencia. La fuerza para resistir dentro aumenta fuerzas para resistir al adversario foráneo. Los peores enemigos, creo, son internos. Burocracia y oportunismo, más sus aliados, conspiran contra un nuevo mundo, no solo en economía y política, sino también en  expresión, cultural, ética y solidaridad.

¿Fue una decisión del tiempo y el aprendizaje o hay algún temprano suceso en tu vida que te compulsó a escribir?

Sí: nacer. Y tener ojos para ver. Con ojos ya abiertos descubrí comadrona y luz. Noches y cocuyos, lunas y eclipses.
Y descubrí a mamá, acto seguido, alimentando con su teta, y a papá, que  marchaba a cortar caña, para que yo, desconocido  y recién llegado, tuviera cuna y comida y escuela y libro. Eso despertó mi fantasía. Todo resultaba fabuloso. Viví en un pueblito llamado Esmeralda, hasta que el tren cargó con la familia y se la llevó a una urbe mayor. Por esas ventanillas recordé un verso aprendido en el tercer grado que cursaba: Esmeralda rumorosa, porción del patrio suelo mío, y aquella estrofa sembró en mí la nostalgia perdurable.

Vi montones de dibujos tuyos y siempre me parecieron muy buenos. ¿Por qué no prestas más atención a esa musa fiel?

La poesía necesita compañía: ese dibujo es un acompañante de sillón para los días de hospital. Ojalá alguna vez los publique.

¿Libros preferidos?

Me interesa la inmensidad, leídos y sin leer. Los escritos que ya no leeré y los futuros que tampoco leeré.

Y me interesan los próximos libros que escribiré. Y los que pasean por las editoriales: ahora en este momento una novela, que edita Letras Cubanas, y otros dos que esperan turno en Gente Nueva.

¿Cómo fue tu distanciamiento forzoso del periodismo? ¿Qué hiciste en ese tiempo, además de la talabartería?

. Fui zapatero y talabartero, a partir del año 70, luego de escribir Che Sierra Adentro. La burocracia dogmática me envió a la calle; fui despedido. Entonces di de comer a la familia fabricando carteras, zapatos, cintos, petacas para cigarros. Si excavan en la ruinas de los artesanos de hoy, encontrarían los fósiles de mi artesanía. Tenía mujer e hijo y no podía prescindir de alimentarlos.

Después rodé por almacenes, delegaciones provinciales de Comercio Interior, el propio Ministerio de Comercio Interior, el ICIODI y Publicitar, a un traspié de mi regreso pleno al periodismo.

El viaje duró 15 años. Me abrieron una plaza en la revista Bohemia y comencé mi trabajo de ecología, del que fui pionero en la prensa cubana y por el que recibí, en l995, el Premio Anual de Periodismo, que entonces se llamaba aún José Martí. En el año del centenario de la muerte del Apóstol, quedé casi redimido, aunque todavía nadie ofreció hasta hoy una satisfacción o explicación. Che Sierra Adentro ahora cuenta con 20 ediciones en todo el mundo y es el primer libro escrito sobre el tema, a nivel mundial, luego de la muerte de Ernesto Che Guevara.

El trabajo en equipo te marcó notablemente. Trabajaste con Froilán Escobar, Tomás Barceló, Posada y Muños Bach. ¿Qué te aportaron estos puentes de colaboración?

Froilán fue el coautor de Che Sierra Adentro: una aventura sin paralelo para mi historia personal. Subir montañas hermana hombres.

Con Barceló, fotógrafo de puntería, recorrí el archipiélago, sus ciénagas y penínsulas, las cayerías de norte y sur y conocí su flora y fauna, así como sus abundantes plagas de jejenes y mosquitos. Fue una época fértil, vi profundo a la patria. Sus cotorras y cateyes, sus garzas reales, tocororos, zunzunes y zunzuncitos, sus especies de jutías, sus tocororos y almiquíes,  sus cocodrilos e iguanas. Conocí  manglares y bosques. Conocí lo más alto del Turquino. Me extravié en  vericuetos de la Sierra de Cristal, en el macizo montañoso Sagua Baracoa, navegué ríos, subí toda montaña con que tropecé. Toqué el cielo de Cuba.

Las aventuras con Posada y Bachs fueron gráficas. Yo escribí los textos de las Criaturas insólitas o desaparecidas, publicadas en España y Cuba,  y José Luis hizo los dibujos. Con Bachs compartí muchas historietas, él dibujos y yo guiones, durante años, y el deleite incomparable de las conversaciones.

Queda un gráfico en el tintero: Amilkar Feria, que ilustró el Amor de los Pupitres, luego Premio de la Crítica, y Melodía del Pez tambor, ambos publicados por Gente Nueva. De él es también la portada de Para leer debajo de un sicómoro, largo diálogo de diez años con José Lezama Lima, publicado por Letras Cubanas. Y además las ilustraciones de mí más reciente poemario: Isla y otros continentes.

La imagen me persigue y persigo la imagen. Nos hemos dado alcance en múltiples ocasiones.

¿Qué detonó la computación, después de años tecleando  máquinas? ¿Qué tal de Internet y la inmediatez en la difusión de  ideas?

Escribo más desde que existen computadoras. Y admiró más a Martí, por ejemplo, que redactó con pluma de ganso y dejó  poesía de maravilla y esos ensayos donde nos enseña a pensar, siguiendo la huella de Varela. Hablo también de los ensayos sobre Whitman, Emerson, Wilde, Pushkin, etcétera, que inauguran un pensamiento modernista muy adelantado en tierra americana. Esos ensayos y sus crónicas son fundacionales. ¿Qué no escribiría Martí con una computadora?

Con Internet, para estupor de los poderosos, se abre una era de democracia imparable. No perfecta, de hecho se manipula, como toda prensa. Pero la circulación de información y el debate de ideas que abre, también conducen a un mundo mejor, con infinidad de nuevos individuos pensantes. Si las riquezas en moneda en mucho tiempo no podrán ser todavía compartidas, ya la información comienza a estar más repartida. Y esa es la ruina de todo poder ruin y no solidario.

De tus libros, con varias ediciones y traducciones, ¿cuál echarías al Arca al acercarse la inevitable sobreelevación del mar?

Digo como Martí: O nos salvamos juntos o nos hundimos los dos.

Tu obra maneja parámetros no comúnmente sopesados. ¿Por qué esa intertextualidad con ecología, cuántica,  universo?

La fascinación por especies animales y vegetales vino conmigo al mundo. Nunca enjaulé un pájaro. El universo cuántico se me reveló una mañana: para abrir un ojo necesitaba energía y mi desayuno estaba hecho de energía. También mi máquina de afeitar. El día cruzaba conmigo gastando y consumiendo energías. Abrí libros: leí mucha energía aquietada en conceptos sobre los orígenes y las expansiones. La expansión es la mayor fábrica de energía. Un árbol desenvuelve su energía y libera oxígeno, indispensable para respirar y vivir.

Habitaba un universo que era y no era como lo veía y comprendía. Leí a Einstein, Sagan, Hopkin y quedé embriagado con esta visión no ya del universo sino de los universos, los anteriores, los contiguos, los paralelos, los interiores,  los simultáneos y encapsulados con el tuyo.

La aventura de comprender ese orden divino o natural del gran entorno sideral y espiritual, me subyugó para siempre.

¿Hasta qué punto consideras necesario clasificar y cuándo es oportuno romper reglas?

Si siempre pudiéramos romper reglas, lo óptimo, resultaría totalmente innecesario clasificar para los eventos de hoy o mañana.

¿Y la familia, cómo te nutre para roturar todas las páginas que tienes en tu haber? 

Sin familia, amigos y personas que amar, es muy difícil entender el concepto Patria. Y entender el concepto equivalente de Poesía.

El Caimán es un carnívoro que viste salir del cascarón. ¿Cómo estimas su salud y los pronósticos de longevidad?

El Caimán pasó por muchos estadios y recodos. Hay un minuto ahora de revitalización en sus páginas. Es una de las pocas revistas, culturales o no, que busca renovación de lenguaje, angulación del tema, que enfrenta la obsolescencia conformista de la prensa actual, que invita a meditación y polémica. Que piensa cada título, foto o pie de foto. Que se bate, y no en retirada, contra estereotipos y cliché y politicismo e ideologismos tontos, de consignas y machaconerías. Hay creatividad e imaginación. Trabajo gráfico en ascenso.

Defectos: tipografía pequeñita, (mal de la prensa cubana, que ignora que compite con prensa digital, TV y mayor longevidad de la población), mala impresión (idem), exceso de materiales en cada número al estilo de una muralla escrita y reescrita durante infinitas generaciones. En fin: un barroquismo algo recargado.

Le pronostico la duración del siglo XXI que espera por delante.

Eurekíada - Molino Blanco Ediciones

Molino Blanco Ediciones

Revista Eurekíada, 1.ª edición 2017

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Contenido de la edición:

  • El relámpago de la poesía en Armando Ibarra
  • El viento fracturado. Poemas de ARMANDO IBARRA
  • Abundancia y sentido en Pablo Neruda
  • ROBERTO MANZANO

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MOLINO BLANCO EDICIONES trabaja digitalmente por la promoción de la poesía, y ofrece publicaciones de diferente perfil editorial y obras diversas en las temáticas que alrededor del universo creativo de este arte tienen que ver con el desarrollo de la espiritualidad y la formación humana.

MOLINO BLANCO EDICIONES es una plataforma de promoción digital del Grupo Eurekíada.

La letra del escriba

La fiesta innombrable

Hay que tener cuidado con las orgías, amigos míos,
porque son bosques hondos de follajes azules
donde juegan quimeras que se bañan con tierra,
predadoras voraces de la carne exquisita,
plumíferos arbóreos que eyaculan sin pausa,
mujeres deliciosas que permiten que el agua
se filtre entre sus piernas y caiga en sus abismos.

 

Hay que andarse con tiento con las orgías, amigos míos,
pues son barcos que zarpan, desplegando las venas,
olorosos a semen hacia playas dichosas
que no saben de culpas, pero sí de los vastos,
deliciosos quehaceres de la carne infinita
que ha expulsado la muerte de su reino de grupas,
oquedades y claros manantiales nocturnos.

 

Hay que ser puntillosos con las orgías, amigos míos,
porque el viento las lleva predicando sus salmos
hasta pueblos remotos que resguardan las vírgenes
temblorosas de santos pensamientos impuros
anhelantes de dedos que les palpen el culo
y de lenguas sedientas que les laman el pubis,
mientras alzan al cielo sus pupilas benditas.

Pueblito macondiano

Reseñas literarias

Yo que nací en Maconco, escribo…

Muchos años después, atrapada por la vida y las circunstancias, habría de recordar aquella tarde remota en que mi viejo me dio a leer un libro: Cien años de Soledad. Su autor era mi tocayo, y sus historias de gitanos arrabaleros que traen el progreso las había vivido yo en un pueblo antillano, en plena crisis desde que sus habitantes tenían memoria y cualquiera pasaba vendiéndote la más inesperada miscelánea a precio de lingote de oro. Lo que traían no nos hacía una mejor sociedad, pero nos permitía subsistir.

En mi pueblo las vacas tampoco se hacían fecundas con el amor, al contrario, se les consumían las ubres en los meses de sequía por la falta del buen pasto, pero los niños sí salían con colas de puerco, pelos en la cara y pitos pequeños, a causa del cruzamiento entre familias. Allí todos se conocían desde siempre, y aunque los hombres eran capaces de matarse por una mujer, o entre alcoholes por cualquier tontería, a la mañana siguiente volvían a ser hermanos en la dura tarea de perpetuarse. Se abrazaban, perdonando las injurias de la noche anterior, y se iban arrastrando los pies hasta los sembradíos. Todo, excepto la pretensión, era olvidado.

En la casa familiar, el abuelo hacía saltar la tierra de los corredores en busca de un tesoro que le dejaron sus tatarabuelos, y que, aseguraron, estaba enterrado en alguna parte. Yo tenía la impresión de que mi abuelo había leído también aquel libro, y por eso esperaba encontrar los pescaditos de oro del coronel Aureliano Buendía. Así es que cuando enloqueció del todo, no se me hizo mal amarrarlo al castaño y leerle las historias del coronel, de Úrsula Iguarán y de toda la fantástica descendencia; de esa estirpe condenada y sus cien largos años de soledades. Entonces me miraba, con los ojos nublados y la sonrisa sin dientes de sus casi noventa años, y yo dejaba que el cielo se nos cayera encima, porque él parecía feliz y para que las madreselvas nos crecieran entre los pies.

También Maíta se estaba volviendo loca. Se la pasaba escupiendo entre los pasillos, y sus escupitajos servían de abono a las madreselvas. Había decidido no hablar desde que viera partir a los hijos de su tierra loma abajo, con balsas hechas de tanques de agua en los hombros, cantando canciones de guerras ajenas y dispuestos a echarse al mar para huir de lo que fuera que estuviera sucediendo. Sin embargo, los demonios empezaron a habitarla el día que parada en la puerta de su cuarto, con el alma hecha jirones, le dije que yo también me iba. Su mirada nunca más recuperó el brillo de las hechiceras, porque de que era bruja, nadie tuvo nunca dudas.

En mi pueblo pasaba todo. El cielo llovía como desquiciado, las mujeres se volvían putas desde los doce años, los hombres alcohólicos y los viejos dementes. Cuando las abuelas se morían, se quedaban pululando los corredores de las casas vacías, y los gatos echaban cría en las esquinas mugrosas, a expensas de alimentarse de cucarachas y moscas, porque los ratones se habían ido a vivir a otro sitio menos hambriento.

Cuando el diluvio caía, nos subíamos a los tapancos y escaparates y dejábamos el agua correr entre los tablones de las casas, que se podrían de a poco y había que cambiarlos casi todos los años, ya fuera por el agua o por el comején. El agua se llevaba los malos augurios y los conflictos del pueblo, que no tardaban en regresar con el sol y la seca y la sed.

Allí, en medio de aquella insondable soledad de pueblo que era mi Macondo, me enamoré de un Buendía y el amor me hizo comer la tierra infértil hasta que se me rompieron los dientes. Luego casi pierdo la razón cuando la abuela me dijo que no me iba a casar y que mi hombre iba a morir en una batalla. Unos meses más tarde se lo comieron los tiburones tratando de cruzar el mar para llegar a tierra firme, y yo enfermé de tristeza.

Escribo para que se me olvide que nací en ese pueblo maldito, y que sus pasos, los de mi Buendía, ya no van a aparecer entre las cañadas verdes con flores medio marchitas en las manos; que quizás yo tampoco volveré a transitar los canales desiertos de la infancia ni a angustiarme porque el abuelo tiene la intención de marcharse con el primer gitano que llegue. Escribo para que se me olvide que si los alcatraces regresan a volar sobre la bahía, no es porque Macondo se está salvando del olvido, sino porque desde que llueve, solo los pájaros son capaces de buscar refugio en esas marismas perdidas de Dios.

Comala

Partes de Guerra

Largo viaje a Comala

Libro: Pedro Páramo

Vine a Comala porque me dijeron que acá iba a encontrar la inspiración que llevaba buscando ya tantos años, cuando leí, por la adolescencia, las historias de un tal Pedro Páramo, creación de otro tal Juan Rulfo. Yo ya era una buena lectora y los relatos de un pueblo por cuyo polvo murmullaban los fantasmas, y se fabulaban en vidas que a veces eran no más que apariciones, me laceraban cada poro de piel, compadecida por aquellos personajes que se me antojaban reales. Entonces no tenía idea de esta magia rara en la que un libro puede cambiarte la vida. Pero Pedro Páramo ya estaba haciendo sus estragos en mis entrañas de escritora diletante.

Aquella realidad cruenta y a la vez real, en donde descansa la historia de un país que por adopción me cambió luego los destinos, fue lo que me hizo atravesar los mares y, en un andar que no acaba, buscar la Comala de mis sueños. No me puedo imaginar la vida de un escritor sin haber bebido de los pozos secos donde don Pedro dejó sus vástagos; y yo, antes de cargar siquiera la mochila o algún libro de cabecera, me eché al lomo la certeza de que había nacido para escritora.

Al salir a mi exilio definitivo, con la conciencia del no regreso, los derroteros del camino me trajeron a esta tierra mexicana a la que aprendí a querer desde las páginas de un libro, por las que transitaban cerros yertos y cielos vacíos. Entonces estaba ya inexorablemente ligada a Comala. Yo había sufrido mis propios Comalas en la isla —Cuba—; entendía aquellos parajes inclementes, y por mis venas fluían, sin saber cómo llegaron allí, los fantasmas vivientes de hombres y mujeres que habían merodeado los plantíos desiertos de los altos de Colima. Pero sobre todo, mi pluma revivía los pasajes de aquellas memorias que me reventaban dentro, tan fuertes, como goterones en el polvo de los agros baldíos.

Un día, dispuesta a desafiar mi romántica alma con historias de aparecidos, el camino me llevó finalmente a ese pueblo donde nacieron los personajes de Rulfo, porque su escenario, ya había comprendido, era el de las vastas serranías mexicanas, donde el sol y el campo yermo transforman a su gente, hasta convertirlas en ánimas.

En la Comala de hoy, con muchos años de peregrinaje a cuestas, encontré un pueblo caliente, donde las cenizas del volcán han provocado la apostura de las flores y la fecundidad de los cultivos; por cuyas calles coloridas se pasea el gentío y las comaltecas, que, aseguran, son las mujeres más bellas. “Si Rulfo volviera a vivir, en estos cien años de su nacimiento, tendría que escribir otra novela, caray”, pensé. Pero casi inmediatamente me di cuenta de que era yo quien ahora estaba investida de tal suerte.

“Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo…”. Yo vine a Comala por la encomienda que me diera el hijo de don Pedro, de describir, pretensiosamente escribir, la vida de un país en el que no nací, pero que ya está ligado a mi corazón por hebras de acero. La danza onírica de las ánimas rulfianas me acompaña, aunque mi pluma sea demasiado frágil para los encumbrados anhelos a los que me siento obligada. Sin embargo, me aprehendo al principio de que el autor debe estar, al menos, en la misma ladera de montaña que su obra, y continúo este camino solitario atada a la certidumbre de reconstruir esos “paraísos” con los que algunos grandes maestros lograron trastocar el viaje de los nobles mortales, acaso quijotes de sueños imposibles, como hoy me siento.