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Reseñas literarias

MI CORAZÓN SE ABRE A TU VOZ

El mito de Sansón y Dalila

El 2 de diciembre de 1877, en una versión en alemán en el Teatro del Gran Duque, se estrenó Sansón y Dalila (Samson et Dalila, título original en francés), pieza perteneciente a la gran ópera, en tres actos, con música de Camille Saint-Saëns y libreto de Ferdinand Lemaire.

De esa ópera, las dos piezas más conocidas son el aria “Mon cœur s’ouvre à ta voix” (“Mi corazón se abre a tu voz”), que da título -en español- a esta columna, y la “Bacanal”, que es un ballet.

La ópera está inspirada en el relato bíblico de Sansón y Dalila, del capítulo 16 del Libro de los Jueces en el Antiguo Testamento. Sansón fue uno de los últimos jueces de los antiguos hijos de Israel. ‘Jueces’ hay que interpretarlo aquí como caudillos.

Sansón es presentado, además, como un ‘nazir’. Los nazireos eran personas consagradas a Dios, que se abstenían de beber vino, no se cortaban el cabello y supuestamente adquirían una fuerza especial. Sansón se caracterizó por poseer una extraordinaria fuerza para combatir, que le mereció actos heroicos, como rematar a un ejército con una simple mandíbula de burro o derribar un templo filisteo.

El relato bíblico, en resumen, cuenta que, no pudiendo vencer a Sansón, los filisteos sobornan a Dalila, su amante filistea, para que le sonsaque el secreto de su fuerza. Después de muchas súplicas de la mujer, la cual insistía en que lo amaba, Sansón le confiesa que perdería su fuerza si le cortaran los cabellos. Cuando Sansón se durmió sobre las rodillas de la mujer, esta llamó a alguien más, quien le rapó la cabeza.

Ya sin cabellera, los filisteos lo capturaron, le sacaron los ojos y le hicieron dar vueltas en la noria de un molino. Al cabo, durante un festín dedicado al dios filisteo Dagón, Sansón fue llevado para que lo contemplara todo el pueblo y se burlara de él, pero la cabellera ya le había crecido y pidiendo a quien le hacía de lazarillo que lo llevara a las dos columnas principales para recostarse en ellas, abrazándolas y exclamando: “¡Muera yo con los filisteos!”, derribó el templo y todos los presentes perecieron, Murieron más filisteos en esa ocasión que cuantos Sansón matara a lo largo de su vida, dice el texto bíblico.

En la cultura israelí el mito de Sansón ha sido tan poderoso, que en su novela Sansón, Zeév Jabotinsky [Zeév es ‘lobo’ en hebreo], fundador del sionismo revisionista, lo describe como un israelita atraído por la cultura filistea.

Otros autores se han apropiado de su mito para comprender la actualidad de esa región, al punto de que Noam Chomsky ha dicho que Israel sufre un “complejo de Sansón”, en el entendido de que en el conflicto entre esta nación y los países árabes, Israel puede llegar a autodestruirse, tal como lo hizo Sansón al demoler las columnas que harían caer la construcción sobre los filisteos, matándolo también a él.

Según Manuel Arbolí Gascón, en su libro Jesús antes de Cristo, en su raíz la historia de Sansón y Dalila deriva de un mito solar: Sansón (שמשון Shimshon, en hebreo) es un leve reacomodo de la palabra ‘sol’ en ese idioma: shémesh שמש. Por otro lado, Dalila, דלילה d’lilá en hebreo, es un arreglo de la palabra ‘noche’ en ese idioma: לילה laila.

El mito expresa que la noche le corta los rayos al sol (la cabellera) y el astro pierde fuerza. Ese mito a lo largo del tiempo fue personificado en una historia de gloria para el pueblo judío.

Letra del aria de la ópera “Sansón y Dalila”:

“Mon cœur s’ouvre à ta voix”

Mon cœur s’ouvre à ta voix,
comme s’ouvrent les fleurs
aux baisers de l’aurore !
Mais, ô mon bien-aimé,
pour mieux sécher mes pleurs,
que ta voix parle encore !
Dis-moi qu’à Dalila
tu reviens pour jamais.
Redis à ma tendresse
les serments d’autrefois,
ces serments que j’aimais !
Ah! réponds à ma tendresse !
Verse-moi, verse-moi l’ivresse !

Ainsi qu’on voit des blés
les épis onduler
sous la brise légère,
ainsi frémit mon cœur,
prêt à se consoler,
à ta voix qui m’est chère !
La flèche est moins rapide
à porter le trépas,
que ne l’est ton amante
à voler dans tes bras !
Ah! réponds à ma tendresse !
Verse-moi, verse-moi l’ivresse !