A 4 manos

Periodismo, literatura y artes

EL GENIO DE SALZBURGO

Conozco una anécdota que, por fascinante, quedó grabada en mi memoria. En cierta ocasión un niño de ocho años se aproxima a Mozart y pide que le enseñe a componer una sinfonía. Mozart, sin desalentarlo, le explica que sólo tiene ocho años y el niño le recuerda que con esa misma edad ya él, el genio de Salzburgo, lo había hecho. A lo que Mozart responde: “A mí nadie me enseñó”.

Wolfgang Amadeus Mozart nació el 27 de enero de 1756 en Salzburgo y murió en Viena el 5 de diciembre de 1791. Entre ambas ciudades, la de nacer y la de morir, se extiende, desde antaño, uno de los recorridos más bellos de Europa, “La Ruta Romántica”. Ostentosos lugares, algunos de los cuales forman hoy parte del invaluable Patrimonio de la Humanidad. La música es, por supuesto, el quimérico protagonista.

Salzburgo y Mozart son pareja indisoluble: él constituye la figura insigne de la barroca urbe austriaca, postrada en la base de los majestuosos Alpes. La cadenciosa ciudad de la armonía vio nacer a Wolfgang, quien sería a su vez uno de los más grandes talentos musicales de la historia, a pesar de la vida breve y su azaroso destino.

Sin embargo, el músico, que nunca superó la juventud, aunque alcanzó la genialidad desde muy pequeño, no encontró en su lugar de origen el reconocimiento que merecía su talento agudo y enfático

Su padre, Leopold Mozart, era compositor y profesor de violín. Su madre, Ana María Pertl, hija de un funcionario palaciego. La pareja concibió 7 bebés para continuar la estirpe, solo 2 sobrevivieron: uno de ellos fue Wolfgang Amadeus.

Leopold se encargó de educarlos a ambos en el terreno musical. En 1762 emprenderían juntos varios trayectos a diferentes ciudades y países con el objetivo de dar a conocer a los chicos como revelaciones de la música, cualidad que Wolfgang mostró desde apenas los 3 años.

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