A 4 manos

Periodismo, literatura y artes

Fernando Pessoa

La letra del escriba

EL POETA NO ES FINGIDOR

I

Si finge y hace tropos, cítara o violín en ristre, y apa-

renta emociones, es entonces poeta. Y si todo poeta,

con más razón, finge y representa alarmas, lágrimas

incurables, timbres de urgencias, heridas de acor-

deón, falaz turbación,

entonces empedernida y trovadoresca humanidad

finge desde épocas inmemoriales.

Cocuyo simula luz por razón de sobrevivir,

pájaro opera camuflajes para escapar a vendavales

o apresar por un suspiro la fuga de la proteína. Fingir,

disfrazar, afina con cualidades de imaginar:

conjeturar, sospechar, presumir, confundir. Proviene

de adahora y adamar y echa follajes en almas cavilan-

tes o sufrientes o energúmenas o violentas o flemáti-

ca. O hábil y oportuna: agréguese, de paso, una lám-

para a la luna.

 

Poeta como poeta no finge, os aseguro.

Sino como criatura vivida, existida, que intenta sobre

vivir. No es cierto, por tanto y más cuanto. Afirmo:

no es tramoyista. Ni charlatán, payaso o simple se

ductor. Acuéstese el bardo junto al verso

e improvise respuestas y preguntas. Nadie se resiste

a ser creído.

¿Finjo si afirmo y aseguro, ciego de convicción,

que la imagen penetra al lenguaje y lo fecunda

con la eternidad de la escritura? ¿Finjo si afirmo

que ficción, con el decursar, llega

a ser el único atributo creíble de la realidad?

 

II

El cielo incrementa anatomías, se dilata

el azul oscuro. Si amanece en penumbras mañana,

gracias a zanahorias bifocales vamos a ver el sol. No

es falso o farsa.

Cierto. Incierto que nadie dialogue su cabeza pa-

ra cabezas que no lo creerán. Chorreados árboles

de lágrimas y ríos de magnolias, lo van a comprobar.

 

Si finge él, poesía necesariamente es falacias,

carromato, tremedal donde al lector le untan lodos y

embadurnan deshonras. Infierno vivo para La agonía

del espíritu. Aquel, como yo, alentó en un vientre y

hoy no logra recordarlo. Poesía es superabundancia.

Lo que no se puede. Y sobre todo lo que se puede,

cómo no se va a poder.

¿Cómo chapotea el tobillo en ese territorio de la es-

pecie, donde se juega alma y virtud de declamar?

Finge quien afirma que el poeta es fingidor, y

que en verdad o mentira jamás se logran azular y

planchar todos los caos.

 

III

No finge: revoca la sibilina verdad

de que finge, citada por epígonos. Poeta

con la palabra siempre interpretó. Mundo es así.

Fingen los coterráneos presentes y pasados, incluidos

él y yo, y ellos y otros, desde milenios y cataclismos

venideros, sin descontar tocayos y calaveras de post

vida, quienes a menudo fingen lo que sienten o fingen

que sienten lo que no sienten, o simulan

por falta o exceso de imaginación. Si afirmo que sufrí

una eternidad bajo los puentes, póngase en duda:

no hay puente eterno ni eternidad bajo los puentes.

 

¿Fingen el barbero o la navaja cuando se ensañan

al rasurar? ¿Navaja es filo artificial, y la mano detrás

del metal aparenta placeres? ¿Es la misma mano afi-

ladora e igual navaja que se deja afilar? ¿Fingen a

causa de monedas, a causa de alguna parentela o

vocación?

Murciélagos, por ej., se distribuyen alturas y distancias

para cazar. Cada individuo sabe su alto y su lejos y ahí

engulle los insectos. ¡Y luego dicen que no escriben

poemas!

 

IV

Finge que finge emociones, pero no es poeta,

sino humanidad temerosa que acude a resquicios y

rezos. Muerte o fortuna tocan indirectamente

a puertas y agonismos: mano rota, sangre

a trasfundir, música fúnebre, guadaña utilitaria, acree-

dores que alargan peligros, pliegos y guarismos.

 

¿Finge ahorcado con la lengua afuera, aguarda

alguna promoción? ¿Subió al árbol para ser follaje o

pájaro? ¿Abusa del milagro de colgar y enmudecer?

 

Si todo poeta finge y si a continuación el que finge

es poeta, repito, la humanidad se compone estricta

mente de poetas. Humanidad poeta y poeta de uni-

verso humanizado. ¡Cuántos buenos bardos en bea-

tas y beatos, choferes, estadistas, rapsodas, mensaje

ros, costureras y putas de mis barrios. Demasiado

desnudo el nudista y en exceso pedigüeño el limosne-

ro.

 

V

Cada gota transparenta su mueca en el torrente y re-

sulta inimaginable. Unanimidad improbable, asco has

ta en las excepciones. Disfraz necesita antifaz. Y nue-

vas mentiras para no desfallecer. ¿Finjo si declaro so-

lemne, con autoridad de mi ombligo, que unanimidad

la inventaron demonios para poner en duda la redon-

dez del círculo? En consecuencia, proclamo falso, ¡y

aberrante!, ¡y descarriado y descarado!,

que el poeta sea el fingidor buscado de árbol

en árbol y metódicamente debajo de sus ramas y

que por módica y no metódica suma, solo se encuen-

tra vivo o muerto. O cantando hipocre-

sías. El poeta, si es poeta y no fingidor,

es voz de multitud, incluso en el acto indispensable y

temerario de fingir. Otra cosa, VEAN. Y creo

que no confundo, que al hablar el poeta o yo de tras

tornes, de síndromes, se descubre eventual

que las palabras tienen sus propias intenciones. Con

relación a las palabras, por cierto, quisiera tener don

de rebuscar y encontrar más. Con respecto a Ofelia,

me gustaría desnudarla en la carrera, y ver si todo

lo que carga detrás solo son sus nalgas. Llevo mucho

de clavo y no temo el martillazo. Créalo o no: y si no

que le devuelvan sus sospechas.

 

Verdad, tanto como felicidad, son asuntos efímeros

e intermitentes, semáforo social, al margen de sindi

catos, desoyendo cofradías, es decir, o sea,

con la misma dialéctica fugaz y perdurable, por ejem-

plo, de flores, o por ejemplo, de la vivaz mariposa,

o quizás de luciérnagas que apagan y encienden

trasiegos peatonales. Verdad perdura tanto como

quien se acomoda a creer en ella. Puedo levantar

un fuego de antorchas que no queme a nadie y, sin

embargo, dejar ciega a la multitud.

 

VI

El poeta no es un fingidor, repito. Es más bien repeti-

dor y explorador. Buen destello o chispazo.

Alfarero saca barro de donde no había barro. Pala-

bras de donde no hay confesiones. Palomas de don

de solo había un sombrero. Descubre versos

con la palabra y palabras con el verso.

Lo que suspira bajo tierra o piel sube al poema

por la emoción. Todo color del espejo con que se mi

Poeta arqueólogo. Y quita máscaras: y tanto

de las palabras en general

del mundanal ruido, como de la fila del soldado raso.

Poeta NO. Verdad tan ciega como la que desmiente.

Fingir sería escribir simulacros. Veracidad prodigio

sin ardor de la cafetera al fuego, menos multitudinaria

que la mentira. Fingir sería sentir nada y rebosar lá-

grima. Declamar y no reclamar ni aclarar. Percibir

al individuo y aplaudir siniestro. Verdad contiene in

mediatas y fulminantes partículas auto corrosivas, re

ajustes retóricos o mudas de plumaje. O dobleces ac-

cidentales (incluso realidad e irrealidad son simula

cros mutuos). Verdad se refuta

con verdad y expropia al leguleyo patrón de mentiras.

 

VII

 

Lo que escribe el poeta es o será verdad radiante o

exactitud de escorbuto. Sinceridad, certeza definitiva y

vacilante, dolorosa, ambigua e iluminada,

con equívocos costosos e indudables dudas,

aunque al vacilar,

al coquetear con sombras, ¡ah mortal irreducible!,

finja que siente lo que no siente y sienta lo que no fin

Poeta tiene su público y ejerce para orejas adies-

tradas. Poeta no finge poema ni cuando trafica rimas

o pinta acrobacias.

en el verso, menos cuando añora y descubre oracio-

nes de sol intrínsecas en la franqueza definitiva, des-

carnada, sangrante, y

en lo que la especie por naturaleza y el individuo

sin palabras, mudo, no logran disimular ni apaciguar.

Gemir golpes, compartirlos con el semejante o seme-

jantes sujetos. Imposible simular heridas abiertas ni

sangre en la heridas ni lágrimas en los ojos del herido.

Cuando la criatura finge, la poesía vuela y escapa a

otros hospitales.

Todo al amparo fugaz y tenaz de las estrellas.