A 4 manos

Periodismo, literatura y artes

Sermón

La letra del escriba

SOBRE TEQUES Y SERMONES

Todo, según criterio básico pero bien generalizado, nace, se reproduce, pierde poco a poco la memoria y deja los dientes en alguna parte. Es decir, muere.

Todo o casi todo, aclaremos.

Porque TEQUE político, cuyos ancestros ideológicos, políticos e imaginarios, han sido, entre otros, los sermones religiosos de siglos anteriores, así como los imperiosos discursos de las cortes, hoy parecen tener vida eterna y licenciosa.

Es parte imprescindible de la retórica de la lucha por el poder, que nació adulterada, vieja y floja de métodos, pero que se sostiene con la antilógica de aquí solo yo puedo tocar.

Afirmar radicalmente cualquier asunto, sin gran importancia, por supuesto, porque a nadie se convence de una “verdad” sin categoría engolando voz, con pasión ardua, o argumentos de espectaculares calibres, como lo mejor del mundo o de ahí para allá no hay más pueblos.

En decir, para convencer que esta mandarina está agriar, no necesito citar a Cervantes o Shakespeare. O recordar escenas Chaplin o los Hermanos Marx. O acudir al Big bang.

Si lo quieres creer, bien, y si no también. Sino, prueba la dichosa mandarina.

Pero el Poder, y muy en particular poder del Estado y de los gobiernos, aspirarlo, retenerlo, no es bagatela cualquiera.

Obligados estamos a traer a colación a Demócrito o Sócrates, a Hegel o Marx, al manifiesto de Lyon o a Maquiavelo. A Sansón Melena. Al que sea. Y el argumento que valga o no valga, las citas de los más notables. Y los traes, corriendo, porque en ello te va a menudo algo más importante que la propia vida.

Hubo épocas, todas las épocas, hasta nuestros días, que se obstruía a paso forzado la inteligencia, el discurrir, el pensamiento renovador, la verdad que dudaba de verdades anteriores. Cualquier treta para que no cambies formas de pensar, para que continúes pensando como yo, eh. Es lo más seguro y además lo menos arriesgado.

Algunas verdades superestructurales, de arriba, urdida por sabios, teólogos, filósofos, astrónomos, sabios, políticos, etcétera, se congelaban y congelan por decretos parenéticos, libros sagrados, manuales y vulgarizaciones, a lo que suman los poderes mediáticos modernos y contemporáneos, con respaldo oficial de los cuerpos armados.

De esta forma, entran a dominar con más fuerza que los decretos judiciales y los propios fusiles.

¿Quiénes lo practicaron siempre, en cada era?

Pues: poderosos, reyes, emperadores, papas, gobernantes, políticos, primeros ministros, presidentes, cúpulas religiosas. Principalmente.

Enormes y prolongadas censuras y autocensuras generadas, prohibiciones y reprobaciones de todas las épocas anteriores, tienen, sin falta, a sermones y teques, panfletos ilegítimos,  recubierta con oratoria y divulgaciones panfletarias y hasta cuasi sagradas, como aliados incondicionales.

Como armas, en fin, de filo fatal, para desangrar sin necesariamente aniquilar.

TEQUE es, para definir, secuela dogmática que deriva de cualquier doctrina, ideología, religión, política o tendencia de pensamiento en el poder, con pérdida de ética, estética y renovación continuas.

Resulta suma de sectarismos y deformaciones de ideas y conceptos, adoptadas a contrapelo de dialéctica, historia, razón, ciencia, lógica, percepciones, intuiciones, imaginación, praxis en movimiento y desarrollo dentro de la gran cultura humana.

Teque, traducido a un idioma más universal, equivaldría a muela, sermón, reprimenda, reconvención o rapapolvo. A quédate tranquilo  en la oscuridad.

También, en otros diccionarios, a dalequedale, charlaquecharla, verborrea, monserga, rapapolvo, panfleto, que en la acepción cubana además significa razones y verdades están todas en mi regaño o explicación. Nada que ir a buscar en otra parte. Lo que digo, parrafada o cháchara, es absoluto y no es posible objetar. Soy quien piensas y tú

un pequeño rebaño.

Otros sinónimos admisibles serían Disco rayado, machaque, pique. Etcétera.

Para mí criterio, TEQUE, contemporáneamente, tiene además varios otros significados y raíces, establecidos y enriquecidos por la experiencia y semántica existencial de las últimas décadas.

Yo casi afirmaría, sin orden de jerarquía, que cuatro o cinco son los responsables históricos más importantes del teque palabrero que inunda tribunas, conclusiones, asambleas, reuniones, foros, congresos y congresillos y además a menudo la prensa escrita, radial o televisiva de nuestros tiempos.

1, Dogmatismos, 2, Ignorancias, 3, Fanatismos, 4, Oportunismos.

Mezclados y en perfecta sintonía, 1, 2, 3 y 4 son, a mi criterio las causas principales en los registros de mensaje que se deforman con verdades a priori y medio verdades pomposas, absolutizadas y solemnizadas una detrás del otra.

En la médula de los teques oportunismos se mueven además los intereses individualistas, que no individuales, que principalmente sirven a Estados y a  gobiernos del mundo.

Lo anterior no descarta otros fundamentos, en búsqueda para consignar el fenómeno en sus múltiples raíces y repercusiones.

Repasemos lo anterior.

1, Dogmatismos: fes, credos, verdades repetidas sin comprobación, desde siempre y hasta el cansancio. Repetición de ensalmos trasladados de uno oídos a otros, sin reflexión ni espíritu crítico. Dogma puede ser místico, tanto arrebatado como contemplativo. También ascético. O sea, austero y frugal: concibe la existencia como un sacrificio permanente. Aunque también interminable, incontestable e indubitable.

2, Ignorancias: visión unilateral, falta de información, gente con poca escuela y exigua ética. Repetición de ensalmos y manuales, frases ritualizadas, oraciones sacralizadas. Repugnancia por ideas diferentes. Afirmaciones solemnizadas. Iconicidad glorificada.

3 Fanatismos: parcialismo, ceguera, exaltación doctrinaria. Exceso de convicción, crea fatales fanatismos incurables. Exceso de exaltación refiere apasionamientos ciegos y/o oportunismos.

4 Oportunismos: temor a perder algo o ser mal enjuiciado desde arriba, apetencia de autoridad, influencias, cargos o bienes materiales. Sostengo una opinión de indubitables consecuencias en mi entorno político y oficinesco y tengo otra para el ocio casero. Y en la caja de caudales, otra con algunos importantes dividendos a mi favor.

Otras causas azarosas, potenciales o incluyentes:

Intolerancia: secuela de todas las enfermedades infantiles, con poco respeto y abundantes sentimientos de sospecha maligna hacia el interlocutor.

No reinterpreta nunca ni reanaliza ni está disponible para el debate. Sus verdades son autoritarias y eternas, además de acendradamente personales y producto de su ego deformado. Conduce a retorcidas interpretaciones de las más naturales, puras y hermosas de las creencias e ideales humanos.,

Enemiguismo: hostilidad intrínseca, pariente cercano de el otro siempre es malo y en consecuencia yo y nosotros somos siempre buenos. Enemiguísimo rechaza análisis crítico y pensamiento complejo.

Consignismo: se enhebra con repetición de consignas, máximas e insultos seculares. Incluye algunos sentimientos de plaza sitiada, apelados de forma viciosa, bajo el supuesto de que algunas palabras pueden ayudar al enemigo. Incluso por supuesto que los silencios sospechosos también ayudan por extensión.

Falta de opinión propia y capacidad crítica. Repeticiones de verdades u opiniones para intentar predominar a ultranza. Estés o no estés tú mismo convencido de tales retóricas.

Es decir, existe un componente hipócrita y del ego. Incluye alteraciones verbales y enrojecimientos durante los debates.

Adoctrinamientos: formas intolerantes, apasionadas y extremistas. Necesidad de prevalecer. De convertir al adversario. De practicar proselitismo a ultranza. Y no tener orejas para escuchar ni oídos para oír.

Algunos fabricantes noctívagos de teque pretenden que, con cierta dosis de poesía rancia o acaramelada, muy previsible, ya el teque  deja de ser teque. Supone un periodismo de más alto vuelo, aunque cargue con idénticas antiguas afirmaciones. La verdad y las hipótesis y los concepto no se remozan con nuevas lecturas y  avances del pensamiento –dicen-, sino con un caramelo intercalado. Amplio uso mediático hoy día. Prensa en particular.

Antídoto del teque mediático, o cualquier otro, es investigación empírica y académica, experimentación científica, lectura de la gran poesía y literatura universal. Repaso del magnífico e inconfundible patrimonio cultural de la humanidad. Asimilación de la filosofía de todos los tiempos.

Resulta de manera imprescindible evitar lugares comunes y romanticismos baratos y viciosos. Y una sintaxis reflexiva y ecuménica.

A la difícil y casi imposible objetividad, es posible siempre un grado mayor de acercamiento. Mediante amplitud de análisis, debate, mente fría, aunque corazón caliente y contento.  Agregar vocabulario amplio o amplísimo, coordinaciones ejercitada en busca del tono y decir correctos, incremento de saberes y en especial del tema en cuestión.

El cronista, sea cual fuere su especialidad, no debe (o no debiera, digo yo) utilizar su letra para halagar ni engatusar, especialmente a políticos. Gobernantes y en general a los más poderosos.

Se exponen, saben qué, a desaprobaciones u olvidos futuros. Aunque ya hoy y desde ayer, satirizan a mandíbula risueña y a su costa, los lectores de cualquier latitud y creencias. El mundo se informa y ya no es para casi nadie el mejor de los mundos posibles.

El teque es por naturaleza retrogrado, tosco, simplista, reduccionista y rutinario, portador de mentiras y verdades a medias. Mediocre, dependiente, incompetente. No convence a casi nadie mucho tiempo o solo a pares de antemano convencidos.

Teque, junto a otras formas de manipulación, corrompen ideales originarios. Los privan de su integridad, ternura y poesía esenciales.

Ideales y filosofías cercanas a progreso, democracia, libertad, humanismo, justicia social e igualdad humana, no riman con panfletos y teques. Teque y panfleto esencialmente no congenian con los textos más soberbios y emancipadores, que son siempre refractarios a esas corruptelas transitorias del pensamiento humano.

Criterios asentados en el amor individual y colectivos, en la justicia humana, difícilmente apelan a facilismos, complacencias y trivialidades.

Teque es retraso, pérdida de tiempo para adelantar con las ideas y desarrollar el pensamiento con nuevas luces.

Teque llega a contradecir (traicionar), por repetido, inmóvil e insulso, los ideales originarios y convencen finalmente de todo lo contrario.

Teque es género del incondicional que apela a la incondicionalidad.

Teque o sermón es una piedra lanzada contra la inteligencia del individuo y el ciudadano.

Finalmente, en el terreno de la política, construye lectores repugnados y escépticos, aburridos de las cantinelas, que concluyen por apartarlos de momento y dejarlo de lado para siempre.