A 4 manos

Periodismo, literatura y artes

Cuentos del conde

Hasta siempre

Poco a poco y despacito. El vidrio tiembla con rumores lejanos y ya ve usted.
Los ojos cansados y un poco tristes escudriñan esa asamblea de imágenes
que murmura del otro lado de la ventana, perturbada por los reflejos
de la habitación. Así son los fantasmas y los perros nocturnos, piensa.

Distracciones del mundo. Entonces, suavemente, unas manos se plantan
sobre sus ojos donde el brillo se empoza. ¿Eres tú?, balbuce.
¿Por qué tanta demora? Un suspiro involuntario le recuerda que detrás
de esos dedos está el único amante capaz de serle fiel a toda prueba.