A 4 manos

Periodismo, literatura y artes

ODA A LA GOTA

Ilustración: Félix Guerra

La gota gotea

del caño. El caño

es un salidero

de gotas. Gotas

pegan contra la piedra debajo del caño

y forman una sutil algarabía

que no deja conciliar

el sueño ni disfrutar calmoso la vigilia.

No sé por qué,

pero entre los dos prefiero guardar rencor al caño,

aun cuando es la gota

la que cae y cae y

cae. Debe ser

por el metal del caño

y debe ser

por la transparencia

de las gotas.

ODA A LO QUE ME INSPIRA

ODA A LO QUE ME INSPIRA

Ojalá alcanzara a ser lo que me inspira.

Y me inspirara lo que quiero alcanzar y ser.

 

¿Puedo ser o sería cabalgadura de mis ambiciones?

¿Ambicionar es malo? ¿Es malo ambicionar? ¿Y

puedo o pudieran ser las ambiciones de mi cabalga

dura? Escapo de palabras estocadas y/o centraliza

das y me voy a pie y a galope de los horizontes,

viento como el libre, aire como la independencia.

 

Prisionero he sido, bostecé entre cárceles de palabras

escritas, pero hay imágenes que no me pudieron ni

pueden sujetar.

 

Ser ojeado y perseguido ha sido el mayor placer

(al margen de algunas benditas sábanas y sexos

de mujer).

 

He huido hacia el único círculo o rendija protegidos.

El sitio protegido continuamente circula hacia mí, se

adelanta y soy su único insaciable camino.

 

Nada se gana ni se pierde, más allá de vivir y morir.

Entretanto, entre una puerta y otra, desafiar

la autoridad que impide al hombre ser el individuo.

 

Escapar y desbandar o esquivar y regresar fortaleci

do al ruedo, ahora por pito, y ahora por flauta,

es la virtud, la mayor virtud.

Y mi pequeñez colosal y diminuta grandeza. Virtud

de individuo.

 

Me inspira ser yo y no ser yo.

Y si sentado en las aceras pierdo combates cotidia

nos, nada en verdad me impide (nos impide) ganar

luego las últimas batallas.

ODA A LAS VANGUARDIAS

Ilustración: Félix Guerra

01

Poema a quienes, en cualquier tiempo,

retienen y no dejan agonizar el fuego, tenue o vigoroso,

de sus imágenes y criterios.

02

A quienes en el asalto esencial al firmamento apartan prejuicios

y dogmas. Ambiciones y egos.

03

Merece lisonja quien no fue ni es autoritario cuando se le ofrece autoridad. Ni arrogante cuando arrogancia parece ser el ropaje virtual de potestades y jerarquías.

04

Sonrisas a quienes se mantienen fieles a la realidad

cotidiana y renacen sin odio a diario de sus cenizas

05

Alabanza a quien el Poder no le contagió burocratismo. A quien el ovillo de billetes y prosperidad a la vista, no lo arrastran

a la corrupción. A quien enfrenta desvíos de su ego, con la nobleza de su extirpe, con la generosidad de la condición humana.

06

Merece elogio quien no se convirtió en oportunista cuando

hubo oportunidades. Ni fue tieso como una vara en la llama

del verticalismo. Y repudió niveles y tronos cuando el centralismo copó las decisiones.

07

Apología a quien no quedó neutral viendo pasar inequidad e injusticia o abusos al prójimo. Ni calló ni  tapó ojos ni quedó imparcial y asumió riesgos y esperanzas. A quien no quedó sordo ni ciego ni mudo y sí con muy escasa calma.

08

Lisonjas a poetas y filósofos que salvan palabras

y rezos y le inculcan repentina oscuridad y luz. A las buenas personas que inocula ternura a la vida. A mujeres y hombres

que le agregan pasión a la existencia.

09

Gloria a artistas que reinventan fosforescencias resplandeciendo de la obra  a la sobrevida. A inventores de cualquier era,

que al unir y distanciar más artes y existencias, enaltecen la inteligencia. Y de paso revelan resquicios de ignorados entornos.

10

A las criaturas que pusieron a funcionar sentidos, narices,

ojos, orejas, manos y a continuación agregaron sus piernas.

Al Neandertal que reinventó  fuego. Al Cromagnon que reinventó

incendios.

11

Al antecesor que ensayó fogatas y probó recurrir

a ese resplandor para modelar lanzas y someter el botín

de las cacerías. Al que se irguió, física y mentalmente, y entrevió misterios y enigmas de diversos horizontes.

12

A las criaturas que mantienen su vigilia para evitar la extinción

de las hogueras.

13

Elogios a quienes contemplan el incendio y lo interrogan

con hermosa utilidad y fantasía.

14

Fama  a quien descubrió unicornios. A quien invencionó dragones. A quienes defendieron Troya o conquistaron a Troya. A quienes fundaron coros y cantaron hazañas y dieron vehemencias a páginas de la Historia

15

Al sabio que resistió un golpe de manzana

en la cabeza y luego se entrevistó con las ciencias. A  quienes avistan  relámpagos  que casi explican y renuevan al universo. A quien padeció fuego antes que acallar sus intuiciones.

16

A quien enfrenta invasores o injusticias con solo machete o fusil

y la elocuencia indomable de sus ideas y convicciones.

A quien defiende utopías con la cabeza erguida o la expone durante sus embestidas valerosas.

ODA A LAS LLAVES

ODA A LAS LLAVES

La llave de la ciudad, siempre

precedida por discursos, es grande, esmalta

da y no entra por cualquier cerradura estre

cha. Solo por la Avenida Independencia.

 

La llave que entregan a los ilustres,  no abre

nada, apenas algunos aplausos y licores.

 

La llave que tintinea en el bolsillo y jadea

por salir, es clave a la hora de regresar a ca

sa. Llave probada con destreza en los agujeros.

 

Allá al fondo, sin embargo, la llave secreta

del patio es la flor del naranjo.

 

Y la llave de las frutas es tu lengua,

que suele arrasar mi paladar. Néctar bajando

al Cielo de mi boca. Subiendo a las plantas

selváticas de los pies. Luego a inverosímiles

puertas mía que abren a tu paso.

 

ODA A LA LÁGRIMA

ODA A LA LÁGRIMA

¿Qué no ablanda la lágrima? Llanto ablanda casi todo.

Gota ablanda rocas y cava hasta el fondo de la ternura. Cada lágrima es talento. Muchas, un taladro de agua.

La lluvia del ojo humano siembra en la agricultura

de las emociones. Ablanda frijoles y el corazón endurecido. Lágrima de mujer traspasa sangre y pared. La de niño levanta al pájaro de su muerte. Lágrimas sobre ataúd

del mártir y  el héroe, son semillas. Ojo

es una alcancía de lágrima para el tiempo de las vacas flacas. Lágrima infantil al borde del párpado, paraliza

los intestinos. En la lágrima, la humedad se vuelve humana. ¿Por qué no enseñar a la lágrima a llenar el vaso

del sediento? ¿Lágrima de remordimiento merece cielo? Digo: huevo de pájaro pasado por agua de lágrimas

es alimento de la resurrección. Y del arrepentimiento.

Si el pájaro no llora es porque canta. Ojo especializado

en sentirse ofendido derrama de golpe más lágrimas

que abril y mayo juntos. Desemboca la lágrima y

es la ruina oceánica de algún derrumbe. Y ¿qué me dicen del ojo recipiente, protector y portero de lágrimas? Yo

no discriminaría la lágrima que viene de la cebolla. O

la del cocodrilo. No hay lágrima falsa: ni la del teatro,

el traidor o la infiel. Anoche soñé lágrimas de una aldea despojada por el invasor o la adversidad. Ojo: rechazad conquistador e injusticias, poder enquistado o endiosamientos. Que todo, cierto, no lo ablandan las lágrimas.

ODA A LA EDAD DE LA PALABRA

ODA A LA EDAD DE LA PALABRA

Oxígeno quedó libre, dando tumbo

entre las hojas y comenzó  a tantear territorios

y extensiones.

Buscaba víscera oportuna. Y su barranco

de sangre funcional.

 

Ni oxígeno ni saliva ni deseo primario

de existir quedaban al margen del proyecto,

pero todavía sin apodo ni puerta de salida.

 

Otras cosas, por ejemplo, fueron más tarde

una manera de tocar, oler, rozar

que una mujer y un hombre descifraron

desde el inicio a las mil maravillas. Pero que aún

no alcanzaban a pronunciar con brevedad.

 

Se consumían en meditaciones. Otras veces

marchaban a galope por el valle,

como bestias salvajes de corral. Conseguían

gemir sobre la roca, descascarar bosques

y tantear en el propio rostro la voz del misterio.

 

Dulce impotencia balbuceaba sonidos

cercanos al ideal. Semejante al roce de abismos

entre instancias protuberantes y carnosas.

 

Interrogaban, dentro, fuera, encima, debajo.

Por si alguien intuía fama, procedencia y edad

de tal frecuencia invertebrada y tenue,

que designaba la reciente y blanda tradición?

 

Vueltos al segundo de partir, el golpe encerraba

en un orden de instintos a su caos. Verbo

suaviza sin silbar, se aprieta a más ruidos y

espera para luego. Aunque ya inmediato al aire

que iba a estremecer.

 

ODA A LA INGENUIDAD

ODA A LA INGENUIDAD

La natilla se adormila candorosa: el plato

la cuida manso y ella reposa sin presentir

el apetito.

 

El pétalo expande su púrpura infantil.

No adivinar que existen atardeceres

y luego un último atardecer demoledor.

 

Ingenuidad es más ingenua durante

los primeros tiempos.

 

Pero se sabe, de antaño, que ocurren ingenuidades de los primeros días y más tarde ingenuidades de las postrimerías.

 

Algunos son ingenuos por falta

de madurez, pero la madurez es también

una ingenuidad de cabezas arrastradas

al borde del colapso.

 

Viejos habitantes asesinan o sucumben

por amor, cuando nuevas generaciones inauguran el sentimiento de gemir el amor.

 

El cine repartía ingenuos tortazos en época de relatividad, existencialismo, Gregorio Samsa y guerras mundiales.

 

La ingenuidad siempre recomienza.

Aun cuando la ingenuidad de otros declina

y toca tierra de regreso.

 

La ingenuidad auténtica fructifica y funda

sin dejar retrasados o secos a los propios ingenuos o menos ingenuos.

 

La ingenuidad de cualquier candor es preferible a la experiencia que madura falso y blasfema del candor y la ingenuidad.

 

Mientras envejezcas y madures

se espera que todavía logres mirar atrás

con cierto ingenuidad.

 

En resto de esta oda a la ingenuidad

la debes imaginar tú. Creer saber todo o casi todo sobre ingenuidad resulta demasiado ingenuo. Y una perversa muestra de madurez.

 

ODA A ESTAR VIVO

ODA A ESTAR VIVO

Da vergüenza morir: suprema humillación infligida

al cuerpo.

 

Ya antes daba vergüenza estornudar y luego

no tener pañuelo a mano, sino la  simple mano.

 

Que el tonto agite su dedo autócrata en el aire, reprimiendo cualquier ruido de libertad.

 

Da pena no tener pan ni duro ni bíblico nunca

o ningún día. O tener solo pan  duro como púa

que atora dientes y luego la garganta.

 

Humillación insufla el pene exduro, también

denticiones con pasado perfecto.

Dientes se ablandan con el susto de vivir,

el expene se aterra y pega a los huevos.

 

Humilla el sol que amanece gris en la grisura

de tus sábana. Y el chorro de sombras de las bombillas fundidas o apagadas.

 

Alguien afirma que si sombras pisan tus talones

al menos quedan pies con que huir. Pero si huyes a menudo es que ya casi nunca logras perseguir.

 

Da vergüenza sucumbir entre amigos a la luz

del día. Vergüenza morir y dejar tanta gente viva alrededor. Vergüenza el amor que nos tenían y llevarse

a ninguna parte el amor que uno profesaba.

 

Humilla vivir a la sombra, detrás del telón de penumbras y de cara a la pared.

 

Vergüenza languidecer en presencia de la afligida multitud familiar. Y que la pena de todos la consuma

en un rato  tu cadáver.

 

Vergüenza mirar de frente a contemporáneos

y familiares durante la agonía. Vergüenza que te obliguen a ungüentos o pastillas que prolongan la vida apenas otros segundos.

 

Vergüenza desfallecer en brazos de la amada.

Pena ver lágrimas derramadas por ti.

Vergüenza morir y no poder cargar con quienes amas.

Vergüenza que quien te ama no te logre retener.

 

ODA A LAS VANGUARDIAS

01

Poema a quienes, en cualquier tiempo,

retienen y no dejan agonizar el fuego, tenue o vigoroso,

de sus imágenes y criterios.

02

A quienes en el asalto esencial al firmamento apartan prejuicios y dogmas.

03

Merece lisonja quien no fue ni es autoritario

cuando se le ofrece autoridad. Ni arrogante

cuando la arrogancia parece ser el ropaje virtual

de potestades y jerarquías.

04

Sonrisas a quienes se mantienen fieles a la realidad

cotidiana y renacen a diario de sus cenizas

Alabanza a quien buró y oficina no le contagian buro-

cratismo. A las personas que el montón de billetes

o prosperidades a la vista, no las arrastran

a la corrupción. A quienes enfrentan

desvíos de su ego, con la nobleza de su estirpe

y la generosidad de la condición humana.

(más…)

ODA A LA IGNORANCIA

ODA A LA IGNORANCIA

la Oda a la Ignorancia ya Félix la había compartido, de hablada, con algunos amigos. Ahora se las comparto a todos: amigos, enemigos, ignorantes y menos ignorantes.

Sobre el tiempo volvemos. A reaprender lo aprendido.
Lo acumulado son sedimentos que ineludibles libros y acontecimientos, futuras temporadas y licores, torpes errores y erróneas torpezas,  cansancios y rebeliones, recientes paradigmas y cosmovisiones, removerán profundo y constantemente.
Sedimentos son inabarcables continentes a la deriva.
Las convicciones necesitan sin tregua sedimentos frescos, insolentes, atrevidos, negados, descreídos, interrogantes, confrontacionales.
El grosor de antiguos sedimentos produce sin falta esclerosis, dogmas, virus, parálisis, fanatismos, falsos altares.
Antiguos sedimentos esconden innumerables pesquisas y contratiempos, decadentes inventarios, pasmosas revelaciones, insospechables desechos e inevitables decepciones.
No queda más que volver sobre la historia, sobre cada uno de los botones y el ojal de los sucesos.
Reaprender y reaprender es el itinerario con la Historia.
Es lavar los ojos y afinar las visiones en las aguas del camino
Siempre no era lo que creí, sino lo que creo ahora. Y más que nada y sobre todo lo que creeré mañana.
Cuando nada se ofrece ni nada demandamos, nos extraviamos en falsas bonanzas y alborozadas confusiones.
Mirar sin ver hacia adelante, nos detiene en un camino de espectros y ofuscamientos.
El instinto vivo cotidiano mantiene lozanas y frescas las verdades.
E inocula energías para presentir, indagar, revelar, dar aliento a recientes ignorancias.
Aprender a saber y saber aprender.
Aprender a destapar sótanos y abrir postigos de ignorancia.
Creer que se sabe es quedar sin fulgor para aprender.
Al abrir una puerta, detrás aguardan otras dos y otras dos puertas ocultas y recónditas.
Confiar en la ignorancia de este modo: saber que ignoramos aguza la sed. Convierte en fascinaciones cualquier sombra y obstáculo.
Leemos sobre semejantes libros y la misma vida, corrientes
que arrastran líquidos bien distintos y curiosamente semejantes.
Pero mis ojos cambian como el río. Al río lo cambian mis ojos.
Los sedimentos amplían hasta límites radiantes la ignorancia.
La buena ignorancia es la mayor plenitud suspirada o soñada.
Ignorar consiste en volver a ser pez y pájaro, larva y niño, desnudarse
al amanecer y concurrir al río renovado.
Ignoro, luego existo.
Dadme una ignorancia: moveré mis perezas humanas.
La sabiduría tranquila nos torna condescendientes y observadores.
La sabiduría en reposo contrae dogmas y bacterias.
De la diminuta nuez del conocimiento, venimos creciendo.
De la colosal e interminable masa de ignorancia, creceremos sin límites.
En fin. Transitamos por el buen camino.
La ignorancia nos convierte en sediciosos buscadores
de tesoros, en aprendices para siempre. En carne sin fatiga que ladra
a los misterios.