A 4 manos

Periodismo, literatura y artes

La hormiga y el grillo

Un verso de Esopo

Como un mar de terracota que se mece con el viento,

va y viene la hojarasca al capricho de su aliento.

Los desnudos centinelas con nostalgia las observan

a las hojas que eran suyas en los días de otros tiempos.

 

Sufre el grillo aterido mientras canta a las hormigas,

ellas miran desde un hueco todas juntas compungidas;

“cuando parta el otoño y le dé paso al invierno,

ese necio, finalmente, entenderá lo del esfuerzo”.

 

“Pobrecitas, todas ellas, hacinadas en su encierro”,

piensa el grillo mientras tiembla y se pierde en el recuerdo

de aquel día, en primavera, de su trance embelesado

por los visos del plumaje de un colibrí colirrayado. 

 

Largos meses concluyeron, salen todas del cimiento.

Las obreras ya se atienen a juntar el alimento.

Una interminable  caravana de frutos y ramitas

que acarrean diligentes sus pequeñas cabecitas.   

 

Una hormiga recelosa deja a un lado su cosecha.

Se echa a andar por los senderos, nunca dobla a la derecha.

Ya no aguanta esos veranos de absurdo conventillo,

solo quiere honrar la vida y cantar como aquel grillo.

 

Un cuento que me contaron en la escuela-Luciano Walter. Foto tomada de internet.

Un cuento que me enseñaron en la escuela

Él hizo, a instancias de su padre, de su tumba un cenotafio,

ascendiendo y confirmando, para asombro de todos, su presagio.

 

Si lo oyes, desconfiado, atacado de escepticismo y te suena a ficción;

no lo dudes, compañero; él, aquel barbudo, te fundó una religión.

 

Me pregunto atribulado y perplejo, a riesgo de que me traten de pendejo

¿No podría este loco lindo, se me ocurre, haberse salvado el pellejo?

 

No se ofusquen, no me agredan, ni me acusen de ingrato

pero creer en estos cuentos; che, amigo, se me hace de novato.

 

Más aún si en la teoría, el pobre de José nunca la tocó a María.

Si esto a tu madre le hubiera pasado, dime, ¿quién carajo le creería?

 

Los más raro es verlo a Pancho, vistiendo de blanco,  siempre tan ufano.

Mil abusos condenando, muy orondo, en su pequeño trono del Vaticano.

 

Como si sus largas y aburridas peroratas enfermas de ceguera,

fueran a rescatar a todas aquellas brujitas que quemaron en la hoguera.

 

Mientras tanto, en su parroquia, el cura cumple con el ancestral rito:

“¡Che, purrete! Basta de lágrimas, hacedme caso ¡y tocadme el pajarito!”.

 

 

Oda a las mujeres que no

(Tomado del poemario Venus en Acuario, Kintsugi Editora, 2016).

 

Eso que te quiera decir como bailar,
de lo que te rías;
que si te ponés la pollera
corta, el jean
ajustado
o la remera muy
apretadita.

Ley 26.485, Marie Gouric

 

 

Linda,

sin saber

elegiste un guardián

que guarde la llave de

esa cueva que

no te atrevés

a morar.

 

Venerás a ese varón.

 

Entonces: la pertenencia.

 

Como si solo a través de

un varón puente

lograras alcanzar

el ansiado placer

sexual.

 

Ya sé que mamá dijo que

la mano de ahí

saqués.

¡Y si hoy

te tocás

de una vez!

Animate a frotar

ese borde que,

a pesar de

propio

solo ofrecés a alguien más.

 

Enarbolemos la paja

femenina.

 

Hacéte cargo de

tu fisiología.

Que el chico venga

solo si

te fascina.

Nada de

necesitar que

te cojan, che.

 

Quiero,

como Evita con el voto

y con el Papanicolaou, Tita

perdurar en la memoria

como la que

alentó la

masturbación masiva de mujeres,

el amor libre,

el sexo porque sí,

porque se me antoja.

 

Hoy

con vos,

 

hoy

con vos,

 

hoy

con vos.

 

Y así.

 

Claudia Sobico, Pcia de Buenos Aires, Argentina, 1973. Actualmente escribe para FRACTURA, suplemento literario de la Agencia Paco Urondo; integra INSURRECTA, concierto poético en vivo a cuatro voces, y es miembro de la colectiva feminista de escritoras, nP (Nosotras Proponemos – Literatura). Es autora también de La Grafa, (Alto Pogo, 2015) (nouvelle).

 

Luciano Mención Especial I Concurso de poesía Revista Qu

La Reina del Plata

 

Buenos Aires no se jacta de su gente,
alienada del trajín de la ciudad.
No se escuchan bandoneones en Abasto
ni hay peleas en el viejo Luna Park.

El gringaje marca el paso en la milonga
y no sacude un firulete El Cachafaz.
Leguizamo ya no cruza más el disco
y en el palco no hace a Carlos delirar.

Por las calles despobladas de la noche,
voy en busca de aquel mítico lugar.
Soy el sueño recurrente de la Reina,
un espectro con perfume de arrabal.

 

 

Luciano Walter recibe el reconocimiento de QU

Luciano Walter recibe el reconocimiento de QU

Hoy A4manos comparte el sueño de un hombre que ama y vive la literatura y la poesía desde lo hondo de sus entrañas: Luciano Walter. Su poema La Reina del Plata resultó Mención Especial en el I Concurso de Poesía de la revista QU, Buenos Aires, Argentina, 1ro de septiembre de 2018.

El amor es gaviota de nostros

El amor es gaviota del nosotros

TERCERA TRILOGÍA DEL AMOR

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te lo diría: el amor es de humanos

 

te lo diría: el amor es de los dioses humanos

te lo diría: el amor es una manzana que contiene el paraíso

te lo diría: hay que mirar el amor que nos enmarca

la sola visión de su presencia nos vuelve poderosos

te lo diría: el amor es lo esencial de la geografia del entorno

te lo diría: únicamente el amor preserva el amor

te lo diría: el amor desconoce decir adiós

te lo diría: las fronteras que nos separan del amor

son ante todo nuestras propias fronteras

te lo diría: ni vida alguna ni muerte alguna

han podido nunca con la mirada del amor

el bendito maldito amor es la inmortalidad por excelencia

 

Francisco Garzón Céspedes es uno de los grandes poetas iberoamericanos, admirado por los escritores emblemáticos de la literatura latinoamericana: de su obra Ernesto Cardenal ha dicho: “Una poesía, muy novedosa, con una intención temática y donde la tipografía, los dibujos y el verso forman una suerte de afiche, de poesía plástica (de las bellas artes) que debiera editarse como cartel”. Julio Cortázar aseguraba que en cada una de sus creaciones Garzón “entrega el prodigio de cada una de sus palabras”.

La lista de grandes nombres que han reconocido la importancia de la literatura de Francisco Garzón Céspedes se extiende a César Rengifo, José Corredor Matheos, Maruja Vieira y Oscar Hurtado.

El amor es gaviota del nosotros fue editado este año por Editorial Huso, en una apuesta por la poesía del corazón.

Más sobre el autor y su obra:

«El amor es gaviota del nosotros». Diez trilogías del amor. De Francisco Garzón Céspedes. Huso Editorial.

 

Breve compilación de poemas José Carlos Cataño

Poeta, narrador, ensayista, abanderado de altas causas como “la cultura” o “la denuncia del antisemitismo”, involucrando hasta los huesos en sus derroteros…, el canario José Carlos Cataño nos entrega con esta, su primera “breve compilación de poemas” para los lectores de A4manos, la magia del alma cuando sabe poner la vida en versos, honrándonos así con las estrofas que no son, sino de un grande poeta…

 

MI COPA DE VINO (FRAGMENTO)

 

ALGUIEN,

Si alguna vez, tan intensamente

Fue, como el recuerdo gime,

Arde tan lejos que ya lo creo

Verdadero en la distancia.

 

Quise arder sobrevivo de su cuerpo

Que no fue. Mas mi empeño, de dañarlo,

¿No sería una extraña forma

De amor? ¿No sería acaso el deseo,

Arder distantes

En la memoria?

 

Deslízate en mis labios que no siento,

Pues me colma

Tu inexistencia.

 

***

 

LIGERO COMO EL CANTO que no acaba

Se ondula tu recuerdo en el verbero.

Regresa y es el mismo.

Despierto y no es un sueño,

A tu vuelta inocente encadenado.

La voz no sabe lo que canta.

Tallas mi vida y no lo advierto.

Hablo,

Y siempre ignoro de quién hablo.

 

***

 

NUBES EN LA NOCHE

 

NUBES vanas en la noche,

Así pasan las palabras

Por la aurora irreversible de las cosas.

 

Todo pensar se declina

En el grito oscuro de lo pleno.

 

Y yo entre las vorágines te buscaba

Como si así pudiera con tu rescate

Cumplir un luminoso pasado.

 

***

 

PADRE

 

Solo después de muerto

Y solo después, muerto,

Gozo de todo lo negado,

Y tan muerto de todo,

Padre, después de tu decir

Apenas de tu muerte vivo.

 

MÁS SOBRE JOSÉ CARLOS CATAÑO

https://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Carlos_Cata%C3%B1o

 

Como en el mito de la caverna de Platón

(Tomado del libro: El otro Damian, cortesía del autor)*

 

solía despertar después de media noche

mientras aún dormía

y entonces mirarse hacerlo,

como el espectador de una función

a quien se le pide pasar al frente

Tenía la costumbre de ver

cómo encogía un pie o dos,

cómo iba de un lado al otro,

cómo la sábana le separaba

del resto de la habitación,

pero, sobre todo,

todo aquello que no

se permite ver de día

con esos lentes

ya un poco trasnochados

Algunas veces no deseaba regresar,

aunque tanto quisiera contarse

lo que había podido ver,

pero nunca se creería

ni una sola palabra

“Yo me pongo en sus zapatos

y de vez en cuando me quedan grandes

Uso sus palabras

y estoy seguro

que esas no son las mías”

Hubiese querido abrazarse

y abrirse los ojos,

pero dormía entonces

“Estoy soñando y vos no sos yo”

“Sí lo sos-sí lo soy”

“Dejame dormir en paz”

Sabía que era inútil

y, de alguna forma, también

temía que algo pudiera salir mal

Esto pasa si despertás

y te encontrás a tu lado

Pero eran esos

los pequeños momentos

en que se podía comprender

y escucharse

Encendía un fuego con sus temores

y se contaba los sueños

que solía olvidar y escupir

Se daba cuenta que quizás

no era sensato

tropezar a la vuelta de la esquina

con la idea de que alguien le sigue

o decir una palabra equivocada

con un Do de pecho

o apenas llamarse a media noche

para poder despertar

“Hey, oíme,

hoy he viajado en mí mismo,

pero vos no me escuchás, vos

no querés ver,

vos no querés ver”

 

*Rodrigo Zúñiga nació en Pococí (Limón, Costa Rica) en 1982. Es escritor, psicólogo y estudió Enseñanza del Inglés en la Universidad de Costa Rica. Perteneció al Taller Literario Poiesis de 2009 al 2014. En el 2013, su poemario Souvenirs y noticias de amor obtuvo el primer lugar en el Certamen Literario Brunca en su XXX Edición en el género de Poesía (UNA). Ha publicado dos poemarios: Deshojar el reloj (EUNED, 2013) y El otro Damián (EUNED, 2016).

Otro poemas de Rodrigo:

cuando las voces cuentan verdades en lugar de ovejas

Portada El otro Damian

cuando las voces cuentan verdades en lugar de ovejas

(Tomado del libro: El otro Damian, cortesía del autor)*

 

escucha llegar la madrugada

como se escucha esa llave del baño descompuesta

que no deja de llorar

La madrugada entra

lo mismo que la mirada por el ojo de la cerradura

Lo ve como una causa perdida,

una alimaña acorralada, a contrapelo del sueño,

a merced de sus garras

Lo sorprende adolorido

esperándola/soñando huir de ella

El llanto lo despierta sin percatarse

El barro del amanecer no lo deja respirar

 

Se imagina la estática del televisor

aún suspendida en el cuarto,

las voces de fondo

de una multitud en silencio,

el vestigio de unos perros que ladran,

apagándose

conforme se apaga también la oscuridad

Ahí

en esa trinchera, cansado,

bulímico de sueño,

ahora que tarde o temprano es de día

 

(El deseo es una gotera en la cabeza,

que no se repara y lo inunda todo

El remordimiento es un coyote,

una ciudad que no duerme

El amanecer, un timbre

que no puede retractarse de sonar)

 

***

Pensalo bien, así es la vida:

No importa cuánto apretés los ojos para dormirte

y te escondás bajo las sábanas,

las manos de la realidad

igual te jalarán los pies

al llegar la madrugada

 

* Rodrigo Zúñiga nació en Pococí (Limón, Costa Rica) en 1982. Es escritor, psicólogo y estudió Enseñanza del Inglés en la Universidad de Costa Rica. Perteneció al Taller Literario Poiesis de 2009 al 2014. En el 2013, su poemario Souvenirs y noticias de amor obtuvo el primer lugar en el Certamen Literario Brunca en su XXX Edición en el género de Poesía (UNA). Ha publicado dos poemarios: Deshojar el reloj (EUNED, 2013) y El otro Damián (EUNED, 2016).

EL ECLECTICISMO- IMPERIO ROMANO

VERDADES AL POR MENOR

Del eclecticismo de que yo hablo o deseo hablar no es ese…

No es de anudar o empatar tres o cuatro bagatelas diferentes y hacerlas pasar por un producto de alta calidad, acabado de salir de fábrica, del horno caliente de la moda, ni es declaración con ribetes dorados, o aparato de última tecnología pero que eventualmente en poco demuestra que cojea de alguna parte y las piezas de repuesto hay que ir a comprarlas en Hong Kong.

Tampoco consiste en ningún imposible eclecticismo escolástico y pedagógico, que se repite y enseña y se niega y contradice a sí mismo.

Serían definiciones adversas, equivocadas, reduccionistas, de pasa y corre, quizás aprisionada en libros de poca valía o en libelos. O divertimentos. O para tertulias de entre semanas.

Hablo de un eclecticismo de alcurnia humanista, científico y ético, siempre en proceso, comunicante, incluyente, estético, con aliento y futuridad, llegado de todas partes, crítico, dialéctico y complejo.

Hablo de esa arquitectura de pensamiento hermoso y grande, abarcador, que opina que no una filosofía ni una religión ni una academia, sino todas, no para ungirla como yugo, sino para reinar sobre ellas. Como dejó dicho José Martí en páginas célebres.

Es más bien aquella de Marx, para empezar, quien, citando a Diderot ilustrado y precursor, y a los sabios de la Ilustración, citando a los renacentistas más ilustres, citando a los griegos antiguos más sabios, con respecto a dudas y certezas sobre cualquier asunto definido de antemano por cualquiera, como si realidad o lo que aludimos como realidad, incluido irrealidad, pudiera simplemente ser definida sin fecha de caducidad y envasarla como aspirinas o meprobamatos.

El modernismo comenzó ya a apuntar a una esencia o procedimiento ecléctico en todos los asuntos, es decir, por idiosincrasia, a reunir varias y muchas escuelas, y cada vez más, sin soslayar ni rechazar sin análisis, tomando experimentalmente lo mejor de cada cual y a su vez sometiendo a dudas hasta las joyas más ilustres y preciadas de la tradición.

Para mí, hoy, es ingenuo y letal creer solo en el todo de una doctrina, porque te convierte irremediablemente en dogmático. El exceso de convicción crea fanatismos.

Lo mejor, en primera instancia, lo óptimo como sistema, es ver donde está lo mejor de todo, en una búsqueda sesgada, que no es instantánea, como en wipidedia, sino en una indagación in profundis, metódica, sistemática, consciente, infatigable, implacable. No con energía de árbitro o fontanero sino de descubridor y creador que no aspira a lindes inmediatas o indestructibles.

Ese es el espíritu, en verdad, de la ejemplar y gran doctrina humana del conocimiento, desde tiempo primitivos, desde Aristóteles y Heráclito y Pitágoras, desde Platón y Sócrates y Demócrito y Avicena, desde Giordano Bruno y Erasmo, y desde antes y siempre, hasta el último descubrimiento de ayer.

Martí lo afirmó, al hablar de Whitman y Emerson, quienes alertaban alguna vez que el universo no es como lo vemos, no es sus apariencias sino también y sobre todo sus esencias, siempre más complicadas e inextricable de lo que a menudo logramos alcanzar o imaginar.

Y que definir algo, cualquier asunto, y apegarse a ello con Cola Loca, resulta escolástica y luego inquisición, fin del debate, divinización de teorías y teóricos. Son verdades luego que utilizamos como centinelas para vigilar transgresores y encerrar pensamientos creadores.

José Lezama Lima, para mencionar a alguien que conocí bien, fue además de un iconoclasta, un ecléctico confeso, porque siendo católico con respecto a la fe, creía también que la mejor religión era la libertad, como lo escribió antes ejemplarmente José Martí.

No es posible ser seguidor puro en nada, al cien por ciento, indudoso, partidario como una roca, inconmovible al pensamiento opuesto o renovador, sin tomar en cuenta tesis, hipótesis, conjeturas y suposiciones de la ciencia, así como opiniones, cálculos, datos, deducciones imprevistas, descubrimientos, invenciones, vengan de donde vengan, porque el conocimiento y la civilización se alimentan de la totalidad de lo pasado y pensado y también de todo lo que cada día aportan ciencias y artes y pensamientos ideológicos, filosóficos, naturalistas, humanistas de antes y después.

Ortodoxia se mantiene adherida de forma inconmovible a una fe o principios originales y no admite cambios. El conflicto fatal e inevitable de la ortodoxia de cualquier procedencia.

El eclecticismo renueva constantemente, toma de cualquiera y de todas las fuentes, analiza, duda, no desdeña nada ni detalles, intuye que las verdades hay que enhebrarlas, con agujas sutiles, y afinarlas constantemente, como a un piano.

Definir es cenizar, dijo un maestro.

Eclecticismo es reajuste constante, modificación, rectificación, actualización, innovación, y todo el gran aparato del intelecto, el conocimiento acumulado, la investigación, la especialización, la inteligencia, nunca sacralizada, a disposición de ciudadano, e individuo y sociedad.

Eclecticismo de gran estirpe y transitoriamente definido e indefinido, hasta la próxima nueva estación, no solo en diccionarios, sino principalmente en la praxis cotidiana, apunta al futuro. Y a la nueva comprensión del pasado.

Es ya, de hecho, la tendencia del pensamiento moderno, trasgresor de géneros, que reescribe constantemente historias, filosofías y ciencias. Las recicla y somete a la práctica y la acción, al análisis sin límites. Y las deja transitoriamente con un brillo novedoso que apunta hacia los rincones más antiguos o los inéditos e insólitos del porvenir.

Albert Einstein fue un ecléctico que con el dogma de Fe creía en Dios, respetadísimo parecer, sin embargo, con uso de ciencia y pensamiento reflexivo descubrió un infinito impensado que se expande de forma constante, repleto de huecos negros, con tiempo y espacios conectados y propensos a la curvatura, con indicios firmes de que nada es simplemente lo que parece ni permanece inmóvil ni un instante. Todo ello muy lejos de lo que los seres humanos y la ciencia calculaba hasta ese día iluminado de la Historia.

No se mueve, pour se move, pero se mueve, dijo Galileo y al parecer siempre será así.

Asuntos, cosas, contenidos, vida y sobrevida, muerte y submundos, resurrecciones, naturaleza, sociedad, universo, son como la definamos finalmente nosotros, hoy (Hoy es siempre todavía, dijo Antonio Machado), en el interior de las consciencias y en nuestros libros, viejo y nuevos.

Y mañana volverá a cambiar, como ya osciló antes y antes y antes, casi infinitamente.

Es el eclecticismo de que hablo y propongo, visión de la complejidad, del mundo indeterminado, evolucionista y relativista, humanista, incluso pos humanista, regado con lágrimas de la plusvalía arrebatadas a la especie humana, el mundo natural y social que se mueve como marea y no podría ser represado, producto de obsolescencias, en definiciones netamente académicas y marchitas, ni en páginas de cualquier libro, por muy empastado y bien ilustrado que se presente a la venta.

Libros cerrados o sagrados y definiciones erróneas o envejecidas contenidas en cualquier texto aun escritos con gran pasión o manos muy célebres y venerables, también a veces son cárceles de las cuales hay que escapar a tiempo.

Al libro se entra, como a la celdilla de un convento, al salón de lectura de una biblioteca que impone silencio, pero luego resulta imprescindible salir transfigurado y con apetencias de recurrentes metamorfosis.

Froilán Escobar

El hombre que fue nadie

El escritor cubano Froilán Escobar escribió su experiencia de lectura sobre el relato de Andrey Araya, titulado En medio de ninguna parte, y que recientemente A4manos publicó en este espacio: 

Para Andrey, por su relato

Tu frente chocó con algo, con algún  pedazo de realidad que te recordaba el peso o la sensación de orfandad que te dejaba en los ojos la noche después de muchos intentos por ver eso que la gente llama estrellas. Porque siempre lo habías intentado. Siempre has tenido esa experiencia, desde que te quedaste solo en aquella penumbra dolorosa, en que no sabías ver el aire porque no habías conocido el jadeo tibio de alguien a tu lado, de alguien que te permitiera agarrarte de algo, de algún pedacito de eso que la gente que no sabe lo que es quedarse en lo oscuro llama luz, de un impulso mínimo, quiero decir, que te  permitiera alargar la mano para tocarle a una persona a tu lado la respiración. Hubo tanto tanteo. Con tus pies. Con tus brazos. Con tus vísceras, incluso. Con tus ojos que los pusiste a ponerse largos de miradas para tener, aunque fuera únicamente un tantico así, la sensación de que había un alguien a tu lado. Ah, qué de cosas. Cuánta estrella extraviada en su luz. Cuánto tu querer llegar a un alguien cercano a ti que hiciera posible ese ansiado acto, que disipara la nada. Hubo hasta intentos de pedir abrazos prestados, ruiditos humanos que te permitieran  caminar bajo la noche en pos de los que pasaban. Porque el mar, que tanto ansiabas tocar, también estaba solo a lo lejos. Ah, que absurdo que haya que buscar la luz en la oscuridad. Buscar presencias donde no estuvo nadie. Buscar caminos donde no hubo pasos. Cómo pedirle al mundo, que anda perdido por la Vía Láctea, que vuelva a venir con la mañana. Cómo carajo pedirle un mendrugo de palabra a tu boca  que haga posible abolir ese vacío donde uno queda cuando no hay nadie a quien quererle, aunque sea de perfil (como intentó Vallejo),  la ternura, aunque sea de soslayo la presencia en un retrato compartido. Hubo tanta noche entonces, tanto todo sin color en aquella penumbra en que te quedaste sin que tú mismo te vieras, sin que pudieras percatarte entonces de que eras un niño cuando te dejaron.

En medio de ninguna parte