A 4 manos

Periodismo, literatura y artes

Reparaciones

Reparaciones

De mi casa salían dos caminos que llevaban
a las de mis dos pares de abuelos.
Los paternos eran pueblerinos y orgullosos.
Cuando llegábamos decían: “¿Qué andan haciendo
en casa de los pobres?” y al despedirnos:
“¿Dónde van que más valgan?”

Mi abuelo sufría de mal humor crónico y una sordera
ingobernable que amansaba oyendo radionovelas.
Le gustaban las curiosidades y alguna vez me confiscaron
una caja de plástico transparente
con los contornos de la basílica de San Pedro
para que él pudiera iluminarla con luces navideñas.

Mi abuela era asmática, depresiva y adoraba a los gatos.
Sobre su cama tenía un cuadrito donde una niña
se asomaba a una biblioteca luminosa.
Compartía sus pesares con un tanque de oxígeno.

Mi padre tenía una hermana rubia y altiva
que se había casado con un hombre más grande.
Aunque el tío se distanció de la familia,
los domingos llevaba su prole donde los abuelos
y la recogía después, ya entrada la tarde.

Mientras esperaba en el coche, mis primos y yo lo visitábamos
para que nos contara historias que eran más bien retazos
de su filosofía y fragmentos de Díaz Mirón.
Solía concluir sus charlas con citas del Eclesiastés.
Se ponía serio y bajaba la voz para decirnos: “Es correr tras el viento”;
luego nos escapábamos a jugar futbol.

Mi padre tenía un hermano diabético
que murió joven pero lo persiguió tenazmente
en la vejez, como un recuerdo opaco
que se mezclaba con los gatos de la abuela
y una muchacha que había conocido en Veracruz.

Los primos eran cuatro y después cinco.
Con ellos viví los desplantes y asombros
de la niñez; con ellas –que eran hermosas–
el cosquilleo ante el territorio ajeno
de blusas y faldas. Juntos en cierta ocasión
nos repartimos el mundo, usando los mapas
de un viejo libro de geografía.

Mi padre trabajaba para una gran empresa
de fotografía. Fue parte de la última generación
que hizo algo sin haber estudiado nada
–pero en las tardes se empeñaba en aprender inglés.
Cuando iba a visitarlo a la oficina –que hoy es
una oceánica biblioteca– me llenaba del olor
de químicos y emulsiones, y contemplaba folletos
con imágenes de niñas rozagantes y cerezos en flor
tomadas en algún pueblo de la Nueva Inglaterra.

Don Jorge era jefe de Reparaciones, donde los técnicos
arreglaban descomposturas para que las cámaras
pudieran seguir contrabandeando imágenes.
Tenía su pequeña corte de muchachos bigotones
y viejos de manos temblonas que trabajaban
en las minuciosas entrañas del desorden. Una o dos veces al año
venían por casa y bromeaban sobre el acontecer de la oficina
o movían la cabeza por alguno que había cometido adulterio.

Mi padre orbitaba entre el apego a su familia
y una batalla perdida con los demonios
de mi madre. Estoy seguro de que me quería,
pero acaso también me detestaba como la imagen
torcida del hijo fuerte y valiente que hubiera deseado.

Mis hermanas y yo habitábamos nuestro reino de almohadas
y veíamos la vida como un territorio fantástico.
Con ignorancia espléndida desconocíamos la muerte
que hoy corroe los talones de mis padres
mientras recorren su mundo en blanco y negro,
acosados por recuerdos y punzadas.

En sus delirios de anciano, don Jorge juega con los gatos
grises de la abuela y charla con la sombra de su padre,
que se apoya en el marco de la puerta y se niega
a acercársele. Un día no hace mucho me llamó “papá”
y me di cuenta, dolorosamente, de que ahora me encuentra inescrutable
como él solía serlo para mí. Entonces quisiera mostrarle la imagen
desgastada de ese pasado, y que juntos pudiéramos enmendarla
para que nos absuelva a todos con su brillo
como una verdad más poderosa que cualquier certidumbre.

 

Fe

Examen para el sinvergüenza

Debería darte vergüenza

llevar una vida digna

Ser buena persona

Desenchufar el tiempo en un crucero

Soltar la respiración

Y meter la boca en una vagina olímpica.

 

Debería darte vergüenza tener fe

En el mejoramiento humano

En los policías buenos

(Si queda alguno)

En la entidades decentes

(Si queda alguna)

Debería avergonzarte

Tener un sexo seguro

Bueno y ruidoso

Ser tan feliz que se te olvide el cáncer

La diabetes

Llevar la vida a cuestas

O subir la cuesta de la vida

con el corazón en la mano

En fin

Debería darte vergüenza

Llegar al final de este poema

Sinvergüenza.

Fernando Pessoa

EL POETA NO ES FINGIDOR

I

Si finge y hace tropos, cítara o violín en ristre, y apa-

renta emociones, es entonces poeta. Y si todo poeta,

con más razón, finge y representa alarmas, lágrimas

incurables, timbres de urgencias, heridas de acor-

deón, falaz turbación,

entonces empedernida y trovadoresca humanidad

finge desde épocas inmemoriales.

Cocuyo simula luz por razón de sobrevivir,

pájaro opera camuflajes para escapar a vendavales

o apresar por un suspiro la fuga de la proteína. Fingir,

disfrazar, afina con cualidades de imaginar:

conjeturar, sospechar, presumir, confundir. Proviene

de adahora y adamar y echa follajes en almas cavilan-

tes o sufrientes o energúmenas o violentas o flemáti-

ca. O hábil y oportuna: agréguese, de paso, una lám-

para a la luna.

 

Poeta como poeta no finge, os aseguro.

Sino como criatura vivida, existida, que intenta sobre

vivir. No es cierto, por tanto y más cuanto. Afirmo:

no es tramoyista. Ni charlatán, payaso o simple se

ductor. Acuéstese el bardo junto al verso

e improvise respuestas y preguntas. Nadie se resiste

a ser creído.

¿Finjo si afirmo y aseguro, ciego de convicción,

que la imagen penetra al lenguaje y lo fecunda

con la eternidad de la escritura? ¿Finjo si afirmo

que ficción, con el decursar, llega

a ser el único atributo creíble de la realidad?

 

II

El cielo incrementa anatomías, se dilata

el azul oscuro. Si amanece en penumbras mañana,

gracias a zanahorias bifocales vamos a ver el sol. No

es falso o farsa.

Cierto. Incierto que nadie dialogue su cabeza pa-

ra cabezas que no lo creerán. Chorreados árboles

de lágrimas y ríos de magnolias, lo van a comprobar.

 

Si finge él, poesía necesariamente es falacias,

carromato, tremedal donde al lector le untan lodos y

embadurnan deshonras. Infierno vivo para La agonía

del espíritu. Aquel, como yo, alentó en un vientre y

hoy no logra recordarlo. Poesía es superabundancia.

Lo que no se puede. Y sobre todo lo que se puede,

cómo no se va a poder.

¿Cómo chapotea el tobillo en ese territorio de la es-

pecie, donde se juega alma y virtud de declamar?

Finge quien afirma que el poeta es fingidor, y

que en verdad o mentira jamás se logran azular y

planchar todos los caos.

 

III

No finge: revoca la sibilina verdad

de que finge, citada por epígonos. Poeta

con la palabra siempre interpretó. Mundo es así.

Fingen los coterráneos presentes y pasados, incluidos

él y yo, y ellos y otros, desde milenios y cataclismos

venideros, sin descontar tocayos y calaveras de post

vida, quienes a menudo fingen lo que sienten o fingen

que sienten lo que no sienten, o simulan

por falta o exceso de imaginación. Si afirmo que sufrí

una eternidad bajo los puentes, póngase en duda:

no hay puente eterno ni eternidad bajo los puentes.

 

¿Fingen el barbero o la navaja cuando se ensañan

al rasurar? ¿Navaja es filo artificial, y la mano detrás

del metal aparenta placeres? ¿Es la misma mano afi-

ladora e igual navaja que se deja afilar? ¿Fingen a

causa de monedas, a causa de alguna parentela o

vocación?

Murciélagos, por ej., se distribuyen alturas y distancias

para cazar. Cada individuo sabe su alto y su lejos y ahí

engulle los insectos. ¡Y luego dicen que no escriben

poemas!

 

IV

Finge que finge emociones, pero no es poeta,

sino humanidad temerosa que acude a resquicios y

rezos. Muerte o fortuna tocan indirectamente

a puertas y agonismos: mano rota, sangre

a trasfundir, música fúnebre, guadaña utilitaria, acree-

dores que alargan peligros, pliegos y guarismos.

 

¿Finge ahorcado con la lengua afuera, aguarda

alguna promoción? ¿Subió al árbol para ser follaje o

pájaro? ¿Abusa del milagro de colgar y enmudecer?

 

Si todo poeta finge y si a continuación el que finge

es poeta, repito, la humanidad se compone estricta

mente de poetas. Humanidad poeta y poeta de uni-

verso humanizado. ¡Cuántos buenos bardos en bea-

tas y beatos, choferes, estadistas, rapsodas, mensaje

ros, costureras y putas de mis barrios. Demasiado

desnudo el nudista y en exceso pedigüeño el limosne-

ro.

 

V

Cada gota transparenta su mueca en el torrente y re-

sulta inimaginable. Unanimidad improbable, asco has

ta en las excepciones. Disfraz necesita antifaz. Y nue-

vas mentiras para no desfallecer. ¿Finjo si declaro so-

lemne, con autoridad de mi ombligo, que unanimidad

la inventaron demonios para poner en duda la redon-

dez del círculo? En consecuencia, proclamo falso, ¡y

aberrante!, ¡y descarriado y descarado!,

que el poeta sea el fingidor buscado de árbol

en árbol y metódicamente debajo de sus ramas y

que por módica y no metódica suma, solo se encuen-

tra vivo o muerto. O cantando hipocre-

sías. El poeta, si es poeta y no fingidor,

es voz de multitud, incluso en el acto indispensable y

temerario de fingir. Otra cosa, VEAN. Y creo

que no confundo, que al hablar el poeta o yo de tras

tornes, de síndromes, se descubre eventual

que las palabras tienen sus propias intenciones. Con

relación a las palabras, por cierto, quisiera tener don

de rebuscar y encontrar más. Con respecto a Ofelia,

me gustaría desnudarla en la carrera, y ver si todo

lo que carga detrás solo son sus nalgas. Llevo mucho

de clavo y no temo el martillazo. Créalo o no: y si no

que le devuelvan sus sospechas.

 

Verdad, tanto como felicidad, son asuntos efímeros

e intermitentes, semáforo social, al margen de sindi

catos, desoyendo cofradías, es decir, o sea,

con la misma dialéctica fugaz y perdurable, por ejem-

plo, de flores, o por ejemplo, de la vivaz mariposa,

o quizás de luciérnagas que apagan y encienden

trasiegos peatonales. Verdad perdura tanto como

quien se acomoda a creer en ella. Puedo levantar

un fuego de antorchas que no queme a nadie y, sin

embargo, dejar ciega a la multitud.

 

VI

El poeta no es un fingidor, repito. Es más bien repeti-

dor y explorador. Buen destello o chispazo.

Alfarero saca barro de donde no había barro. Pala-

bras de donde no hay confesiones. Palomas de don

de solo había un sombrero. Descubre versos

con la palabra y palabras con el verso.

Lo que suspira bajo tierra o piel sube al poema

por la emoción. Todo color del espejo con que se mi

Poeta arqueólogo. Y quita máscaras: y tanto

de las palabras en general

del mundanal ruido, como de la fila del soldado raso.

Poeta NO. Verdad tan ciega como la que desmiente.

Fingir sería escribir simulacros. Veracidad prodigio

sin ardor de la cafetera al fuego, menos multitudinaria

que la mentira. Fingir sería sentir nada y rebosar lá-

grima. Declamar y no reclamar ni aclarar. Percibir

al individuo y aplaudir siniestro. Verdad contiene in

mediatas y fulminantes partículas auto corrosivas, re

ajustes retóricos o mudas de plumaje. O dobleces ac-

cidentales (incluso realidad e irrealidad son simula

cros mutuos). Verdad se refuta

con verdad y expropia al leguleyo patrón de mentiras.

 

VII

 

Lo que escribe el poeta es o será verdad radiante o

exactitud de escorbuto. Sinceridad, certeza definitiva y

vacilante, dolorosa, ambigua e iluminada,

con equívocos costosos e indudables dudas,

aunque al vacilar,

al coquetear con sombras, ¡ah mortal irreducible!,

finja que siente lo que no siente y sienta lo que no fin

Poeta tiene su público y ejerce para orejas adies-

tradas. Poeta no finge poema ni cuando trafica rimas

o pinta acrobacias.

en el verso, menos cuando añora y descubre oracio-

nes de sol intrínsecas en la franqueza definitiva, des-

carnada, sangrante, y

en lo que la especie por naturaleza y el individuo

sin palabras, mudo, no logran disimular ni apaciguar.

Gemir golpes, compartirlos con el semejante o seme-

jantes sujetos. Imposible simular heridas abiertas ni

sangre en la heridas ni lágrimas en los ojos del herido.

Cuando la criatura finge, la poesía vuela y escapa a

otros hospitales.

Todo al amparo fugaz y tenaz de las estrellas.

 

 

 

 

Mundo moderno

oración@mundo.el 

Apagado siglo de las luces
De ciegos videntes
De la tierra prometida

Los muchachos se venden
Para comprar la entrada de la discotek
O para salir drogados de las discotek
O por drogarse en los flash
De las discoteks.

Madre
sácame de este llano en llamas
De este cine pobre de espíritu
De este salario pobre de poeta
De mal poeta.

No me de dejes caer en Google
Si Google engorda mi egoísmo.
Quiero comprarme una identidad
Donde no me rapten el pellejo
Con un clic
Ni ser pasto para un selfie.

¡Oh! Madre
sálvame de Facebook
Aunque Facebook no me decepciona
Es el hombre, pero sálvame igual
Del hombre
De este marquetin sarcástico del ego.

Prendido siglo de las luces
De claros invidentes
De la tierra prometida

Los muchachos se venden
Para comprar ropa de mark
Un Ihfone, el peinado de moda
una Lapto con manzanita
e ir luego

donde los flash…

Lisiados de Guerra, OTTO DIX, 1920

Antibiótico Nacional

Del libro, Atajos para no encontrarse. Cuba.

  

a Bernardo Rodríguez Ramos.

…otro cosmonauta político.

 

Es duro no tener una medalla

Donde dejar un pulmón o una pierna

Un diploma que nos acredite el pecho

A la hora del homenaje

Es injusto quedarse con un solo disparo

Volver sin perder al menos la memoria.

La guerra no se hizo para los débiles

Ni para los millonarios

Es fácil no tener donde amarrar la chiva

Donde poner la boca

En boca de otros

Y exigir un puesto en el Congreso

De los mutilados.

 

Mi abuelo fue a la guerra

Tenía un cuarto para las medallas

Y uno para pasar el hambre

Vino con la cabeza llena de musarañas

Hablaba solo

Se dormía escuchando fotografías

De muertos

Otro chiflado más

Quién indemniza la demencia.

 

Es duro no tener una medalla

Donde hincarnos a llorar

Un lugarcito

Para colgar los diplomas

Que nos legó la burocracia.

No pasar inadvertido

FIN DE LA ERA

Del libro: Dramaturgia de las piedras

 

 Soy el individuo y grano de la especie.

Atributos físicos que cargo los llevan todos masivamente.

Y llevo los atributos que cargan todos.

Mi boca no canta pero dialoga.

Mi mano no se agita en los discursos.

Pero escribe versos.

 

Mi nariz es cada vez menos recta, pero igual olfatea y presiente los peligros.

No soy sordo pero a veces padezco de sordera.

Mis ojos no son azules ni verdes,

pero son de otro color: logran ver a kilómetros

de distancias y astros en el cielo.

Lo imprescindible para no cruzar a oscuras.

 

No hay grandes desemejanzas, solo pequeñas

desemejanzas. No hay grandes semejanzas, solo pequeñas semejanzas. No existen enormes desigualdades, solo diminutas desigualdades.

No existes enormes igualdades, solo diminutas igualdades.

 

Soy la persona que firmo al pie de algunas cartas y sufre sus amores.

Hago oír mi voz en el grupo y la familia. Y

los que opinan saben que yo tengo

mi opinión.

 

Parezco sospechoso solo cuando cargo

sospechas. Cuando camino entre ingenuos

casi siempre parezco una persona ingenua.

Soy pizca en la multitud y nadie en la multitud

es mayor que una pizca.

 

Lo imprescindible para no cruzar a oscuras

 

Soy el individuo y grano de la especie.

Fin de la era de pasar inadvertidos.

 

 

 

El libro no escrito

Letra muerta

A veces, entre las sombras, frente a mis ojos
pasan fragmentos arrebatados, héroes sonoros,
frases aladas, sagas ignotas, hondas estrofas
que se diluyen en los jirones de la memoria.

 

Libros enteros que yacen muertos y sin que nadie
pulse sus hojas, huela su tinta, cante sus letras.

 

Son edificios que nacen ruinas, vastos espacios
cuyos secretos no revelados nadie atesora.

Laberinto medieval

EL MÁS GRANDE MATADOR DEL MUNDO

Tomado de A propósito de san Juan y otras miniaturas

Desde un principio tuvo la fama segura: toda vez que hollaba el redondel, y en especial cuando blandía el acero, emergían ante su vista alucinada los marmóreos muros del infausto laberinto.

Sermón

SOBRE TEQUES Y SERMONES

Todo, según criterio básico pero bien generalizado, nace, se reproduce, pierde poco a poco la memoria y deja los dientes en alguna parte. Es decir, muere.

Todo o casi todo, aclaremos.

Porque TEQUE político, cuyos ancestros ideológicos, políticos e imaginarios, han sido, entre otros, los sermones religiosos de siglos anteriores, así como los imperiosos discursos de las cortes, hoy parecen tener vida eterna y licenciosa.

Es parte imprescindible de la retórica de la lucha por el poder, que nació adulterada, vieja y floja de métodos, pero que se sostiene con la antilógica de aquí solo yo puedo tocar.

Afirmar radicalmente cualquier asunto, sin gran importancia, por supuesto, porque a nadie se convence de una “verdad” sin categoría engolando voz, con pasión ardua, o argumentos de espectaculares calibres, como lo mejor del mundo o de ahí para allá no hay más pueblos.

En decir, para convencer que esta mandarina está agriar, no necesito citar a Cervantes o Shakespeare. O recordar escenas Chaplin o los Hermanos Marx. O acudir al Big bang.

Si lo quieres creer, bien, y si no también. Sino, prueba la dichosa mandarina.

Pero el Poder, y muy en particular poder del Estado y de los gobiernos, aspirarlo, retenerlo, no es bagatela cualquiera.

Obligados estamos a traer a colación a Demócrito o Sócrates, a Hegel o Marx, al manifiesto de Lyon o a Maquiavelo. A Sansón Melena. Al que sea. Y el argumento que valga o no valga, las citas de los más notables. Y los traes, corriendo, porque en ello te va a menudo algo más importante que la propia vida.

Hubo épocas, todas las épocas, hasta nuestros días, que se obstruía a paso forzado la inteligencia, el discurrir, el pensamiento renovador, la verdad que dudaba de verdades anteriores. Cualquier treta para que no cambies formas de pensar, para que continúes pensando como yo, eh. Es lo más seguro y además lo menos arriesgado.

Algunas verdades superestructurales, de arriba, urdida por sabios, teólogos, filósofos, astrónomos, sabios, políticos, etcétera, se congelaban y congelan por decretos parenéticos, libros sagrados, manuales y vulgarizaciones, a lo que suman los poderes mediáticos modernos y contemporáneos, con respaldo oficial de los cuerpos armados.

De esta forma, entran a dominar con más fuerza que los decretos judiciales y los propios fusiles.

¿Quiénes lo practicaron siempre, en cada era?

Pues: poderosos, reyes, emperadores, papas, gobernantes, políticos, primeros ministros, presidentes, cúpulas religiosas. Principalmente.

Enormes y prolongadas censuras y autocensuras generadas, prohibiciones y reprobaciones de todas las épocas anteriores, tienen, sin falta, a sermones y teques, panfletos ilegítimos,  recubierta con oratoria y divulgaciones panfletarias y hasta cuasi sagradas, como aliados incondicionales.

Como armas, en fin, de filo fatal, para desangrar sin necesariamente aniquilar.

TEQUE es, para definir, secuela dogmática que deriva de cualquier doctrina, ideología, religión, política o tendencia de pensamiento en el poder, con pérdida de ética, estética y renovación continuas.

Resulta suma de sectarismos y deformaciones de ideas y conceptos, adoptadas a contrapelo de dialéctica, historia, razón, ciencia, lógica, percepciones, intuiciones, imaginación, praxis en movimiento y desarrollo dentro de la gran cultura humana.

Teque, traducido a un idioma más universal, equivaldría a muela, sermón, reprimenda, reconvención o rapapolvo. A quédate tranquilo  en la oscuridad.

También, en otros diccionarios, a dalequedale, charlaquecharla, verborrea, monserga, rapapolvo, panfleto, que en la acepción cubana además significa razones y verdades están todas en mi regaño o explicación. Nada que ir a buscar en otra parte. Lo que digo, parrafada o cháchara, es absoluto y no es posible objetar. Soy quien piensas y tú

un pequeño rebaño.

Otros sinónimos admisibles serían Disco rayado, machaque, pique. Etcétera.

Para mí criterio, TEQUE, contemporáneamente, tiene además varios otros significados y raíces, establecidos y enriquecidos por la experiencia y semántica existencial de las últimas décadas.

Yo casi afirmaría, sin orden de jerarquía, que cuatro o cinco son los responsables históricos más importantes del teque palabrero que inunda tribunas, conclusiones, asambleas, reuniones, foros, congresos y congresillos y además a menudo la prensa escrita, radial o televisiva de nuestros tiempos.

1, Dogmatismos, 2, Ignorancias, 3, Fanatismos, 4, Oportunismos.

Mezclados y en perfecta sintonía, 1, 2, 3 y 4 son, a mi criterio las causas principales en los registros de mensaje que se deforman con verdades a priori y medio verdades pomposas, absolutizadas y solemnizadas una detrás del otra.

En la médula de los teques oportunismos se mueven además los intereses individualistas, que no individuales, que principalmente sirven a Estados y a  gobiernos del mundo.

Lo anterior no descarta otros fundamentos, en búsqueda para consignar el fenómeno en sus múltiples raíces y repercusiones.

Repasemos lo anterior.

1, Dogmatismos: fes, credos, verdades repetidas sin comprobación, desde siempre y hasta el cansancio. Repetición de ensalmos trasladados de uno oídos a otros, sin reflexión ni espíritu crítico. Dogma puede ser místico, tanto arrebatado como contemplativo. También ascético. O sea, austero y frugal: concibe la existencia como un sacrificio permanente. Aunque también interminable, incontestable e indubitable.

2, Ignorancias: visión unilateral, falta de información, gente con poca escuela y exigua ética. Repetición de ensalmos y manuales, frases ritualizadas, oraciones sacralizadas. Repugnancia por ideas diferentes. Afirmaciones solemnizadas. Iconicidad glorificada.

3 Fanatismos: parcialismo, ceguera, exaltación doctrinaria. Exceso de convicción, crea fatales fanatismos incurables. Exceso de exaltación refiere apasionamientos ciegos y/o oportunismos.

4 Oportunismos: temor a perder algo o ser mal enjuiciado desde arriba, apetencia de autoridad, influencias, cargos o bienes materiales. Sostengo una opinión de indubitables consecuencias en mi entorno político y oficinesco y tengo otra para el ocio casero. Y en la caja de caudales, otra con algunos importantes dividendos a mi favor.

Otras causas azarosas, potenciales o incluyentes:

Intolerancia: secuela de todas las enfermedades infantiles, con poco respeto y abundantes sentimientos de sospecha maligna hacia el interlocutor.

No reinterpreta nunca ni reanaliza ni está disponible para el debate. Sus verdades son autoritarias y eternas, además de acendradamente personales y producto de su ego deformado. Conduce a retorcidas interpretaciones de las más naturales, puras y hermosas de las creencias e ideales humanos.,

Enemiguismo: hostilidad intrínseca, pariente cercano de el otro siempre es malo y en consecuencia yo y nosotros somos siempre buenos. Enemiguísimo rechaza análisis crítico y pensamiento complejo.

Consignismo: se enhebra con repetición de consignas, máximas e insultos seculares. Incluye algunos sentimientos de plaza sitiada, apelados de forma viciosa, bajo el supuesto de que algunas palabras pueden ayudar al enemigo. Incluso por supuesto que los silencios sospechosos también ayudan por extensión.

Falta de opinión propia y capacidad crítica. Repeticiones de verdades u opiniones para intentar predominar a ultranza. Estés o no estés tú mismo convencido de tales retóricas.

Es decir, existe un componente hipócrita y del ego. Incluye alteraciones verbales y enrojecimientos durante los debates.

Adoctrinamientos: formas intolerantes, apasionadas y extremistas. Necesidad de prevalecer. De convertir al adversario. De practicar proselitismo a ultranza. Y no tener orejas para escuchar ni oídos para oír.

Algunos fabricantes noctívagos de teque pretenden que, con cierta dosis de poesía rancia o acaramelada, muy previsible, ya el teque  deja de ser teque. Supone un periodismo de más alto vuelo, aunque cargue con idénticas antiguas afirmaciones. La verdad y las hipótesis y los concepto no se remozan con nuevas lecturas y  avances del pensamiento –dicen-, sino con un caramelo intercalado. Amplio uso mediático hoy día. Prensa en particular.

Antídoto del teque mediático, o cualquier otro, es investigación empírica y académica, experimentación científica, lectura de la gran poesía y literatura universal. Repaso del magnífico e inconfundible patrimonio cultural de la humanidad. Asimilación de la filosofía de todos los tiempos.

Resulta de manera imprescindible evitar lugares comunes y romanticismos baratos y viciosos. Y una sintaxis reflexiva y ecuménica.

A la difícil y casi imposible objetividad, es posible siempre un grado mayor de acercamiento. Mediante amplitud de análisis, debate, mente fría, aunque corazón caliente y contento.  Agregar vocabulario amplio o amplísimo, coordinaciones ejercitada en busca del tono y decir correctos, incremento de saberes y en especial del tema en cuestión.

El cronista, sea cual fuere su especialidad, no debe (o no debiera, digo yo) utilizar su letra para halagar ni engatusar, especialmente a políticos. Gobernantes y en general a los más poderosos.

Se exponen, saben qué, a desaprobaciones u olvidos futuros. Aunque ya hoy y desde ayer, satirizan a mandíbula risueña y a su costa, los lectores de cualquier latitud y creencias. El mundo se informa y ya no es para casi nadie el mejor de los mundos posibles.

El teque es por naturaleza retrogrado, tosco, simplista, reduccionista y rutinario, portador de mentiras y verdades a medias. Mediocre, dependiente, incompetente. No convence a casi nadie mucho tiempo o solo a pares de antemano convencidos.

Teque, junto a otras formas de manipulación, corrompen ideales originarios. Los privan de su integridad, ternura y poesía esenciales.

Ideales y filosofías cercanas a progreso, democracia, libertad, humanismo, justicia social e igualdad humana, no riman con panfletos y teques. Teque y panfleto esencialmente no congenian con los textos más soberbios y emancipadores, que son siempre refractarios a esas corruptelas transitorias del pensamiento humano.

Criterios asentados en el amor individual y colectivos, en la justicia humana, difícilmente apelan a facilismos, complacencias y trivialidades.

Teque es retraso, pérdida de tiempo para adelantar con las ideas y desarrollar el pensamiento con nuevas luces.

Teque llega a contradecir (traicionar), por repetido, inmóvil e insulso, los ideales originarios y convencen finalmente de todo lo contrario.

Teque es género del incondicional que apela a la incondicionalidad.

Teque o sermón es una piedra lanzada contra la inteligencia del individuo y el ciudadano.

Finalmente, en el terreno de la política, construye lectores repugnados y escépticos, aburridos de las cantinelas, que concluyen por apartarlos de momento y dejarlo de lado para siempre.

La fiesta innombrable

Hay que tener cuidado con las orgías, amigos míos,
porque son bosques hondos de follajes azules
donde juegan quimeras que se bañan con tierra,
predadoras voraces de la carne exquisita,
plumíferos arbóreos que eyaculan sin pausa,
mujeres deliciosas que permiten que el agua
se filtre entre sus piernas y caiga en sus abismos.

 

Hay que andarse con tiento con las orgías, amigos míos,
pues son barcos que zarpan, desplegando las venas,
olorosos a semen hacia playas dichosas
que no saben de culpas, pero sí de los vastos,
deliciosos quehaceres de la carne infinita
que ha expulsado la muerte de su reino de grupas,
oquedades y claros manantiales nocturnos.

 

Hay que ser puntillosos con las orgías, amigos míos,
porque el viento las lleva predicando sus salmos
hasta pueblos remotos que resguardan las vírgenes
temblorosas de santos pensamientos impuros
anhelantes de dedos que les palpen el culo
y de lenguas sedientas que les laman el pubis,
mientras alzan al cielo sus pupilas benditas.