A 4 manos

Periodismo, literatura y artes

Buenas noticias para el tigre de Bengala

Antes de ser Guerraa4manos, fue Ecoperiodismo, un portal de noticias ecológicas, casi exclusivamente, donde un grupo de periodistas y activistas latinoamericanos denunciábamos los dramas de este, nuestro mundo.

Antes de ser Ecoperiodismo, había sido la columna Ecodilemas de Félix Guerra en la revista digital Cubahora, donde colaboré durante 4 años y Félix 8. Ese espacio se convirtió en 2010 en Monte y ciervo herido, un pequeño libro de divulgación científica para jóvenes publicado por Gente Nueva, en La Habana, Cuba.

Desde entonces, y pese a que nuestro blog tiene un espacio exclusivo dedicado a la temática -que lleva por nombre el de la columna original-, cada vez me produce más desacierto volver sobre nuestro entorno natural, por triste, porque la rigidez e incomprensión humana no dejan demasiadas esperanzas. Sin embargo, hoy quiero compartirles una linda noticia de BBC Mundo: El número de tigres de Bengala que vive en Nepal aumentó 63% desde 2009, según censo del propio gobierno nepalí.

El conteo, realizado entre febrero y junio con cámaras ocultas, permitió evaluar la población de tigres de Bengala en una franja de casi 1.000 kilómetros en el sur de Nepal y el noreste de India, donde se encuentra una de las mayores concentraciones de estos animales en el mundo.

Los resultados indicaron que los felinos se multiplicaron en todos los parques nacionales: unos 15 en la zona relevada.

Se estima que existen unos 2.500 tigres de este tipo –Panthera tigris tigris, según el nombre científico- en estado salvaje en India, Bangladesh, Nepal, Bután, China y Birmania.

Los gobiernos del sudeste asiático se han comprometido a tomar medidas para duplicar la población para 2022, pero la especie continúa bajo amenaza por la caza furtiva y el deterioro del hábitat natural a causa del cambio climático.

http://www.bbc.co.uk/mundo/ultimas_noticias/2013/07/130729_ultnot_tigres_nepal_vp.shtml

Cada quién sus mayas (El arrecife IV)

Cada quién sus mayas (El arrecife IV)

Foto: Jorge Arturo Monjarás.

Ahora sí no lo olvido, junto con su cuarta parte sobre el arrecife, recomiendo las tres anteriores publicadas en este espacio, y su blog personal donde fueron publicadas por vez primera:

http://expresocortado.blogspot.mx/

 
El arrecife continúa hacia el Sur.

 

Allá donde está la ruina maya que lo contempla desde arriba, como temerosa de saltar al vacío y perderse en las aguas turquesa de una buena vez, que bastante deprimida debe estar Tulum de estar encerrada, acordonada en pequeños lotes y recorrida interminablemente por turistas que ya no entienden lo sagrado de sus templos.

 
Allí, con la todavía inmensa selva en medio, se encuentran al oeste los restos del un reino exitoso, que se truncó a si mismo antes de la espada española. El gran Cobá conecta diversos centros ceremoniales y habitacionales, mediante muchos kilómetros de auténticos caminos en medio de la selva y pudo haber dominado la zona durante el primer milenio después de Cristo (que por acá ni pintaba, claro… o sí, dice alguno que otro), en alianza y amistad con Tikal, Dzibanché, Calakmul, e incluso con la legendaria Teotihuacán.

Sólo perdería fuerza al nacer Chichén Itzá, el último gran imperio maya, que también desapareció solito y sin razón aparente, pero Cobá seguiría ahí hasta la llegada de los españoles, con mucha menos población, al parecer.

Desde lo alto de su muy empinado Nohoch Mul, a 30 metros, aún se pierde la vista en un verdor que se antoja eterno, pero que sabemos que no. La selva, que es el río y el cenote, que es el mangle, que es el arrecife, que se puede arrasar así de fácil como ya lo fue una vez.

Un país que no fue, el maya. Según algunos antropólogos, este pueblo no tuvo nada de ecologista, y antes bien se dejó caer en la devastación de la tierra y de la selva, para luego hacer implosión a fuerza de hambre y guerras por hambre. Salta la polémica que desató el Apocalypto de Mel Gibson, quien hizo más caso de algunas descripciones de los conquistadores españoles y retrató a mayas buenos apartados en pequeñas comunidades, perseguidos por mayas malos, sanguinarios, creadores de holocaustos, quemadores de selvas.

Aún no hay acuerdo entre los estudiosos, pero eso no va a estorbar a los guías de turistas, que ellos crean su propia historia y su propia cultura, y prefieren a esos mayas sabios, amantes de la naturaleza y metidos de lleno en el círculo de la vida, conocedores de los astros y las órbitas y que a lo mejor se fueron con los extraterrestres o se metieron al inframundo para una vida mejor.

Si acaso, coinciden en que hubo dos tipos de mayas, los naturales, los buenos, y los quemadores de bosques para encalar templos y efectuar sacrificios humanos, esos que se dejaron influir por la invasión Tolteca, adoptaron el Chac Mool y la sangre, y guerrearon hasta regresar a la barbarie.

Lo que sí queda claro que es que toda esa sabiduría maya, todo este asunto del 2012 y los eclipses y la distancia al sol y el diámetro de la tierra y el cero, estaba a disposición de unos cuantos nada más. Quién sabe si efectivamente para dominar descaradamente a la población, como acusa el Doctor Gibson, pero sí les habrá dado sus ventajitas, qué no.

Aquí no se habla del 2012, este pueblo tuvo ya sus propias caídas en el 900 y en el 1500, lo más seguro es que su calendario anunciara el inicio de un nuevo ciclo y punto. Uno con muy pocos vestigios y algunas lenguas sobrevivientes, como recuerdos, sombras de una rama trunca más en la eterna variación de la humanidad: la cultura maya.

partes anteriores:

http://guerraa4manos.com/ecodilemas/2013/01/desde-el-arrecife-i-parte/

http://guerraa4manos.com/ecodilemas/2013/01/para-que-sirven-los-parques-arrecife-parte-ii/

http://guerraa4manos.com/ecodilemas/2013/02/we-built-this-city-on-el-arrecife-iii/

Disfrútenlo

We built this city on… (El arrecife III)

Foto: Jorge Arturo Monjarás

El río es el cenote, es la caverna y también es el mangle, que es el arrecife.

A gritos y sombrerazos se ha logrado que el gobierno federal entienda, que los gobiernos locales no se metan, que los desarrollos turísticos “ecológicos” respeten la mayor parte del mangle y tomen sólo una porción de frente a la playa.

El mangle, el pantano, debe quedar tal cual: intransitable, inundado, hasta hostil y peligroso para los turistas, con todo y cocodrilos, víboras y alimañas. Aquí nacen muchas de las especies que luego viven en el arrecife, se filtra el agua, se mitiga el efecto de los huracanes tierra adentro, que es gran cosa en una tierra sin elevaciones donde guarecerse, se produce ese aislamiento que es el favorito de los turistas europeos, ésos que descubrieron Playa del Carmen y pintaron su raya con respecto de Cancún.

Europeos bien vestidos, mujeres bellas, elegantes que prefieren el negro, algo que parece tan raro en el Caribe. El turismo que levantó Playa del Carmen de la nada, una ciudad que se construyó sola, sin grandes planes de Sectur, que comenzó como un refugio y quizá guarida de fortunas mal habidas mexicanas y europeas.

En Playa del Carmen siempre hubo narco, pero del tráfico, más que del consumo, del lavado más que de la guerra, la cosecha, más que la siembra.

Dinero llama dinero, Playa del Carmen crece a ritmos de Quintana Roo, Playacar es donde viven los ricos de aquí y de fuera, separados por plumas y casetas de vigilancia. Pero dentro, una caseta y una pluma hacen un segmento más: Las casa de la playa es donde están las fortunas de mayor abolengo o de perdido cantidad.

La economía ya es trepidante en la Quinta Avenida, en la calle 12, donde están los antros y la gente, que recuerdan más a Miami Beach que a la costa mexicana. Las tiendas ya son de marca, nacionales o internacionales, junto con algunas locales que la hicieron. Aún así, enormes hoteles vacíos recuerdan el viejo origen, “¿quién crees que lava el dinero?”

Playa del Carmen, está llegando a su cúspide, pero aún no adivina su decadencia. Está a un pelo de volverse intransitable, la contaminación no se ve, pero de cuando en cuando se huele. Ya no es el tranquilo refugio playero para algunos cuantos conocedores… y sigue llegando gente.

Los que huyen siempre empiezan a voltear al sur, hacia Tulum, el camino es largo hasta Chetumal. Todavía hay opciones de real tranquilidad y pequeñas comunidades aquí, es cuestión de tomar el dinerito y comprar aún más lejos de Cancún.

PARA QUÉ SIRVEN LOS PARQUES (Arrecife parte II)

Foto Jorge Arturo Monjarás

Los ríos se asoman de cuando en cuando a respirar, en cenotes y cavernas. Ahí los ve la gente. La de ayer para tomar agua, venerar las entradas al inframundo y realizar algunos sacrificios. La de hoy para echarse una nadadita en las aguas cristalinas que no huelen a cloro y que se parecen tanto a las albercas, pero con piedritas simpáticas para contemplar.

Y vienen en oleadas y cada vez más, y por ahora quedan contenidas por las brechas de acceso, porque se quedan en la playa, porque los meten a parques más o menos artificiales para que exploren de forma segura, como en Disneylandia.

Viéndolo bien, la mascarada que es Xcaret, con todo y sus pirámides de concreto y sus imitaciones de panteones mexicanos y sus shows mágico-musicales y sus entradas de a $1,200 pesotes por persona que puedes bajar a la mitad si te chutas una mañana de castigo con los vendedores de clubes de vacaciones (antes tiempos compartidos), toda ella, tiene una función provechosa: Mantiene lejos de las frágiles cavernas a la mayoría que no va a respetar, que puede romper, agarrar, rayar y hasta roer, que si pudiera metería un baloncito para echarse un volibol acuático en pleno cenote que esté bajito , mientras los chamacos se echan bucitos, se suenan la nariz y se hacen pipí en la agüita, que al cabo fluye.

Porque lo que se cansan de repetir los ecologistas, los geólogos, los biólogos, y todos los demás logos que también abundan en la zona, no se escucha fuerte y claro.

El agua pura tiene que fluir hasta el mangle, que la acaba de filtrar y de añadir nutrientes, para irse al mar a alimentar al arrecife, al coral que aquí vive que es el suelo de Yucatán, que pinta de verde la costa, que mitiga las olas y rechaza buques para proteger piraguas.

Si no pasa así, el coral se muere, pierde su colorido, se vuelve blanco, ese esqueleto de calcio que es el suelo de Yucatán. Los peces, artrópodos, insectos, algas y plantas de tamaño microscópico o gigante que viven a su alrededor, desaparecen, se van o dejan de vivir. Queda un cementerio frágil, que se va deshaciendo poco a poco, una piedra muerta que ya no pinta el mar, que no protege del oleaje. Y todo lo que es bello en la Riviera Maya empieza a desaparecer.

El río es el cenote, es la caverna y también es el mangle, que es el arrecife.

DESDE EL ARRECIFE (I PARTE)

Foto: Jorge Arturo Monjarás

El arrecife habrá sido una gran molestia para los buques exploradores de los españoles y demás europeos que recorrieron las costas caribeñas de la península de Yucatán. ¡Hostias!

El mismo dio buen resguardo del oleaje abierto a las piraguas con las que alguna vez comerciaron entre sí las múltiples ciudades y asentamientos mayas en sus diversas épocas, apogeos y decadencias.

El arrecife da ese dramático color verde a las aguas de la zona, desde Holbox hasta Chetumal, mitiga el oleaje, dibuja un paisaje submarino que tiene difícil comparación, al que peregrinan buzos de todo el mundo.

La península misma fue en el pasado remoto, el arrecife. Geológicamente una isla, separada de la más antigua placa que compone el continente americano, Yucatán emergió de las aguas, dicen, tras el violento choque, aquí mismo, con el meteorito que acabó con los dinosaurios.

Quedó arriba una placa gigante de esqueletos de arrecife: La piedra calcárea que es suelo, pirámides, ídolos, amuletos, base de chozas, sello de tumbas y ofrendas. La isla nueva, plana, sin montañas ni ríos, y apenas una pequeña capa de tierra de la que se aferraron sus selvas y que, millones de años después poblarían sus respectivos humanos, que ya no encontraron puentes ni fronteras que los separaran de Yucatán y hacia ella fluyeron como epidemia inevitable.

Porque los grandes ríos, los tiene Yucatán por debajo. Es, dicen los geólogos, una gran esponja por donde entran el mar y las lluvias. El primero, cauto y pesado, se queda debajo, las segundas le vienen de encima y arriba se quedan, forman lagos, cenotes, ríos, a mayor o menor resguardo del cielo. Como toda el agua, sigue su llamado hacia el mar, pero prefiere irse escondida, entre cavernas y estalactitas, como una doncella que baila en las sombras.

No quieren ser Usumacinta ni Grijalva; son Sac Actun, Ox Bel Ha, Dos Ojos, a salvo de los mapas y monografías de la Primaria, de buena parte de los animales y la gente. Pero 155 kilómetros no son pocos, y su trabajo le ha costado seguirlos a una rarísima especie que rehúye al sol: el buzo de cuevas. Ahí nomás han quedado 400 muertos en el esfuerzo por mapear el mundo debajo de Yucatán, para qué, pues para saber, nada más.

LOS GLACIARES DE LOS ANDES SE DERRITEN

TOMADO DE BBC MUNDO

Los glaciares de los Andes Tropicales –que cruzan Colombia, Venezuela, Perú, Ecuador y Bolivia- se han reducido en promedio entre 30% y 50% desde la década de los setenta a la fecha, reveló un estudio publicado esta semana en la revista académica Cryosphere y comentado por la cadena BBC Mundo.

Se trata, según el estudio, del ritmo de derretimiento más acelerado de los últimos 300 años.

Una tendencia alarmante, si se considera que esos glaciares son la principal fuente de agua potable para millones de habitantes de la región.

La investigación, que incluye datos sobre prácticamente la mitad de los glaciares de los Andes, concluye que su derretimiento es el resultado del aumento de la temperatura, que subió en promedio 0.7º centígrados entre 1950 y 1994.

Y si bien el fenómeno es evidente en todos los Andes Tropicales, es particularmente pronunciado en los glaciares más pequeños, ubicados a menor altitud.

“En el Perú, todos los glaciares que están por debajo de los 5.100 metros ya han desaparecido”, le dijo a BBC Mundo Wilson Suárez, del Servicio Nacional de Hidrología y Metereología del Perú y uno de los coautores del estudio.

Y, en toda la región, los glaciares ubicados a altitudes inferiores a los 5.400 metros han perdido en promedio 1,35 cm de su capa de hielo cada año desde 1970: el doble que los grandes glaciares ubicados a mayor altitud.

“Como el grosor máximo de esos pequeños glaciares de baja altura rara vez excede los 40 metros, con semejante pérdida anual es probable que desaparezcan completamente en las próximas décadas”, afirmó el autor principal del estudio, Antoine Rabatel, del Laboratorio de Glaciología y Geofísica Ambiental de Grenoble, Francia.

Seguir leyendo en:

http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2013/01/130123_glaciares_andes_derretimiento_estudio_aw.shtml

UNA GOTERA EN EL TECHO (I PARTE)

UNA GOTERA EN EL TECHO (I PARTE)

La historia afronta para el siglo XXI, todavía incipiente, una amenaza incierta y desoladora. Amenaza que engrosa una lista interminable de dramas demasiado conocidos por la raza humana. El hombre nuevamente conspira contra la existencia originaria del azul planeta Tierra.

El cambio climático, es, sin dudas, un hecho incuestionable que mantiene hoy día en fuegos y desvelos a científicos y ambientalistas. Viene a unirse  a una larga cadena de penurias que padece nuestra estirpe, pero que al mismo tiempo se retroalimentan y engrosan.

Incrementos poblacionales, pobreza, uso insostenible de los recursos no renovables, deforestación y desertificación con su consecuente disminución en la biodiversidad de las especies, los efectos dañinos en la capa de ozono, entre otros, para no extendernos en calamidades.

Esta vez el efecto invernadero vuelve a levantarse como causante primordial del fenómeno en cuestión, producido por el calentamiento global de la superficie terrestre. Para adentrarse en el problema es necesario sintetizar cuál es la médula del clima global del planeta.

El clima opera a consecuencia de vínculos entre atmósfera, océanos, capas de hielo, organismos vivientes y suelos, sedimentos y rocas. Deviene interrelación de flujo de materia y energía en la atmósfera.

Tanto la atmósfera como los océanos desempeñan un papel imprescindible y delimitador de las variaciones del clima, actuando como presupuesto energético y determinando el estado final del clima global. Se trata de un metabolismo bien complicado donde cada factor influye y es influido. El planeta tiene sus temperaturas y de ellas tomamos las nuestras los seres vivos.

La atmósfera, específicamente, es una capa gaseosa que rodea el globo y se divide teóricamente en varias capas concéntricas sucesivas desde la superficie hasta el espacio exterior. Sus nombres: troposfera, tropopausa, estratosfera, estratopausa, mesosfera y termosfera.

La atmósfera constituye mezcla de gases y aerosoles, o lo que es igual, mezcla de partículas líquidas y sólidas en suspensión. Su rol principal para los seres que habitamos la tierra, es mantener las condiciones aptas para la vida.

El caso de los océanos es bien particular. Son los vientos superficiales los que se encargan de movilizar corrientes oceánicas también superficiales y globales, que son las que asisten en la transferencia latitudinal de calor.

Las aguas cálidas se mueven en dirección polar y viceversa aconteciendo una real transferencia de energía. Lo mismo sucede con la evaporación. El agua de la superficie oceánica almacena calor, que luego es liberado, una vez que el vapor se condensa, forma nubes y acaecen las inevitables y necesarias lluvias.

El vasto y misterioso océano se convierte una vez más en fuente inagotable de vida. Tal es el caso, que en las extensas aguas se almacenan proporciones energéticas mucho mayores que en la atmósfera, pues no solo concentran una mayor capacidad calórica (más de 4 veces), sino también una mayor densidad (1000 veces más). Esta es la razón de que pequeños cambios energéticos en los océanos se traduzcan en grandes cambios de temperatura y clima a nivel mundial.

La sal contenida se mantiene disuelta en las aguas oceánicas cuando se forma el hielo de los casquetes polares, lo que trae un aumento de la salinidad que, aparejado al frío, proporcionan a las aguas una mayor densidad, esto las obliga a hundirse transportando consigo considerables cuotas de energía.

Con el fin de mantener los equilibrios del flujo de masas de aguas existe una circulación termohalina cuyo rol es básico en la regulación del clima global.

Es de forma general e integrada, que el clima terrestre depende del balance energético entre radiaciones, la solar y la emitida por la tierra, a lo que se adiciona la emisión de energía geotectónica. Los gases invernaderos vienen a desempeñar un papel crucial.

Gracias a nuestra atmósfera, tan solo una fracción del calor que se recibe de la energía solar, vuelve al espacio exterior, quedando retenido el resto en las capas inferiores de la atmósfera donde gases como vapor de agua, CO2, metano y muchos otros formadores de los clorofluorocarbonos, se calientan y una parte del calor vuelve a la superficie terrestre.

Es lo que conocemos como efecto invernadero que, aunque el proceso no es exacto como el que ocurre dentro de un invernadero, ha pasado a la historia con ese nombre a causa de semejanzas en los dos procesos.

Un incremento de calor acarrea mayor evaporación de agua de los océanos, lagos o suelos, de manera que la atmósfera más cálida retendrá más vapor de agua y aumentará el calentamiento producido por el afamado efecto invernadero.

Ya en la actualidad los gases han retenido en la atmósfera suficiente calor como para aumentar la temperatura media del aire en la superficie unos 0,5 grados Celsius desde que comenzó el siglo XX, ya plagado de peligros.

Según el panel internacional sobre cambio climático (IPCC), una duplicación de los gases invernaderos, por solo aportar una referencia, incrementaría las temperaturas entre 1 y 3,5 grados. Sería lo equivalente a volver a la última glaciación, pero en dirección discrepante, retornando a un pasado remoto  y superado por los termostatos de la estirpe humana.

El aumento de temperaturas sería el más rápido en los últimos 100 mil años, haciendo muy difícil que los ecosistemas del mundo se adaptaran y retuvieran una porción considerable de sus criaturas vivas.

Por otra parte, los gases invernaderos, aunque naturales, son menos de 1 décima del 1 % del total de gases atmosféricos, pero actúan como frazada vital alrededor de la tierra. Si careciéramos de ese manto protector la temperatura mundial sería 30 grados Celsius más baja y no sería posible nuestro ciclo natural de vida.

Por tanto, solo se exige y necesita lograr un equilibrio que sostenga a la atmósfera sin llevarla hasta los mayores límites en cualquiera de los dos sentidos: frío o calor. Crear una paz bien sencilla entre  los sistemas que interactúan en el planeta, y esta en la raíz de la biodiversidad y la vida. De ellos depende un mundo casi ideal o al punto del cataclismo.

Para salvar un globo dinámico y en peligro el Protocolo de Kyoto se alza en defensa de su protección y cuidados. El cambio climático global es un hecho que deja clara la globalización del problema, es inútil enfrentarlo sin una empresa que involucre y armonice a todas las naciones.

Actualmente y de manera sostenida, Kyoto ha luchado por hacerse escuchar y procurarse un lugar en la historia. A pesar, no obstante, de que el Protocolo reclama medidas insuficientes, como pequeñas curas de mercurocromo en un tiempo muy dilatado.

Pero, países, grandes potencias como la norteamericana, limitan sus derechos a concebir y lograr un mundo más limpio, puro e imperecedero. Sus tomas de decisiones, las de ese gobierno,  se basan en la economía del egoísmo y las ganancias, la superioridad militar, el hegemonismo y la arrogancia política. Sin descontar la ignorancia y el oído sordo en dirección a la ciencia.

¿CUÁNTO VALE UN PÁJARO HERIDO?

¿CUÁNTO VALE UN PÁJARO HERIDO?

Por todas partes, hoy día, se habla de economía, incluidos rentabilidad, costos, finanzas, dinero. Sin embargo, según una antigua costumbre, las aves no fueron aún incorporadas a los cómputos, dejando fuera del cálculo de los recursos disponibles a las miles de criaturas de los entornos.

¿No vale nada el servicio ecológico que prestan en general los insectívoros? ¿Y si vale, cuánto valen en oro, pesos, dólares, los millones de millones de alimañas dañinas a la agricultura, los bosques y la vida familiar que tragan a diario, por ejemplo, los vencejos?

El vencejo es una máquina de tragar insectos y  para esa tarea recurrente la evolución lo dotó de un sonar mejor que cualquiera inventado por la biología o la tecnología.

El vencejo es una maravilla biotécnica en la que la sociedad humana no invirtió ni un dinar ni una corona ni un penique. Ese aparato inteligente, siempre de última generación, lo recibimos de forma gratuita y permanente al final de largos procesos de modificaciones que duraron millones de años.

El gasto corrió a cargo del tiempo y las leyes y demás fuerzas y potencias naturales que gobiernan la vida en el planeta, sin descontar los posibles milagros y arduas evoluciones  y mutaciones de una historia que carece de páginas escritas.

Los vencejos, digo yo, por tales razones, y por su aerodinámico diseño, no superado aún, debieran pertenecer solo  al futuro. Debieran ser biordenadores bien priorizados para su conservación:   las leyes, las jurídicas,  debieran informar, con signos de admiración, que cazar uno solo de estos pájaros costaría mil pesos al bolsillo del verdugo.

¿Es poco? Bueno, dos mil entonces. Sin embargo, lo cierto es que la deforestación, la ignorancia, la expansión indiscriminada y extensiva de la agricultura y la ganadería, la falta de leyes protectoras, los convierten en otros candidatos a las ausencias  durante el presente siglo XXI.

Los vencejos, ¿no los ha visto usted en magistrales piruetas de desplazamiento en los cielos del atardecer?, son rutilantes aves cuya envergadura alar es el doble de su largo del pico a la cola. ¿Imaginan cuánta futuridad en ese aparato de vuelo?

Y casi todo músculos y plumas para sostenerse raudo en el aire. Es la razón principal de por qué los ornitólogos le concedieron el título unánime de ave más aérea del mundo. El vencejo, oiga usted, caza y digiere en pleno vuelo. Bebe y copula en el aire. Y hasta duerme probablemente mientras cumple algunos de sus geométricos itinerarios en el espacio.

El caso es el siguiente. Tanto tiempo se mantiene arriba que sus patas sin uso se acortaron y perdieron capacidad. Como el albatros, es otra criatura alada a la cual sus pequeñas patas no le dejan remontar el vuelo: si está raso en el suelo, por supuesto. Ahora resulta que solo posa el vuelo en farallones, edificios y árboles muy altos, porque para reemprender los regresos debe dejarse caer largo al vacío y salvarse del abismo con un poderoso batir de alas.

Cuando se logre traducir en guarismos, cifras, números redondos, el precio del servicio ecológico que prestan los vencejos, quizás resulte menos quimérico el sueño de preservar tan insólitas criaturas. ¿Con leyes tan generosas donde podar o talar furtivamente se multa solo con algunas decenas de pesos se lograría alguna vez?

¿Abonando tan poco, los transgresores y nosotros como mayoría llegaríamos un día a comprender cuánto vale el planeta con lo que lleva dentro?

¿Cuánto vale un pájaro vivo y cuánto se pierde cuando lo matamos? ¿No debieran ir esos costos a los Debe y Haber de los libros de contabilidad, a los cálculos financieros?

Aún son muy rústicos nuestros sistemas de valores.  Lo que gastamos o derrochamos debiera ir a las cuentas de alguien en términos de dinero y por su verdadero costo.

¿NAUFRAGAN LOS OCÉANOS?

El océano es una estancia indivisible. Y es conectiva. Es como la piel del planeta, luego de haber sido el antro donde se originó la vida. La diversidad es la variedad, la raza es la unicidad: todo los seres vivos somos los hijos indistintos del planeta azul, o como dijo el poeta, de la naranja azul.

La noche es patria, dice Martí, quizás porque nos ampara la mitad del tiempo. ¿Cuánta patria hay en el océano, que cubre el 70 por ciento de la superficie terrestre? ¿Cuánta en el agua, que nos resulta más imprescindible que el propio alimento?

No hay tiburón chino o japonés, ballena caribeña o africana, sardina escocesa o suiza, ni pulpo argentino o brasileño. Ese dilatado universo húmedo continúa siendo cuna y patria gigante de las criaturas laboriosas y dinámicas que vieron luz.

El océano es globalización natural, tejido que conecta y une por encima de barreras, indicio de que la mundialización comenzó cuando aún el sentido de fraternidad y la virtud de la razón no habían puesto un pie aquí.

Desde el agua primitiva –dice el poeta– las sustancias vienen goteando/ vida:/ primero y muy lento mis dedos, y más tarde los ojos./ Antes de tener dedos no tocaba nada. Antes de ver mis ojos no veían/ nada: ni siquiera una gota.

Y otro, en otra lengua, asegura: El mar es origen y espejo de la vida.

Jorge Luis Borges, poeta americano, advierte que el universo requiere la eternidad y que por esa razón la conservación de este mundo es una perpetua creación.

José Lezama Lima, desde su balcón a las aguas anunció que retornar al mar… es la manera única de no quedar huérfanos. Zimmer catalogó al océano de enormidad que duerme y se sueña a sí misma. Homero avisó: El océano es fuente de todo.

(más…)

AL PARECER EXISTE UNA “SUPER-TIERRA”

AL PARECER EXISTE UNA “SUPER-TIERRA”

TOMADO DE BBC

Un grupo internacional de astrónomos descubrió un nuevo exoplaneta (un planeta que orbita alrededor de un astro diferente al Sol) similar a la Tierra, usando para su descubrimiento datos obtenidos por un observatorio astronómico con base en Chile.

Se trata de una “Supertierra”, siete veces más grande que nuestro planeta y que aparentemente cuenta con condiciones de atmósfera y agua suficientes para ser habitable.

Fue identificada dentro del sistema planetario de la estrella HD 40307, que parecía contener sólo tres planetas incapaces de producir o albergar agua, por estar demasiado cercanos al astro. Pero ahora los científicos han podido ver otros tres planetas dentro del sistema, entre los cuales está la “Supertierra”.

Estos seis planetas giran alrededor de la HD 40307. La estrella está situada a 42 años luz de la Tierra y no es exactamente como el Sol. Es un astro más pequeño, más frío, que emite rayos de luz anaranjados.

La “Supertierra” ahora hace parte del catálogo de 800 exoplanetas conocidos por científicos, que sugiere que falta poco tiempo para que los astrónomos hallen aquella “Tierra 2.0”, rocosa, con atmósfera, orbitando alrededor de una especie de sol, y en una zona suficientemente habitable.

Serán todavía necesarios muchas más observaciones para encontrar similitudes adicionales y obtener conclusiones definitivas.

El “redshift”

Radshift - BlueshiftEl ‘redshift’ indica la distancia de un planeta al astro que orbita.

El equipo de astrónomos del descubrimiento, usó instrumentos Harps (High Accuracy Radial Velocity Planet Searcher) del Observatorio Astronómico Austral La Silla, en Chile, para descubrir el sistema planetario de la estrella HD 40307.

El sistema no muestra los planetas directamente. Lo que hace es medir cambios en el color de luz emitida por una estrella, generados por el impacto de la fuerza de gravedad de los planetas en su camino.

Los científicos lo han llamado el “redshift”, que en español se entiende como “desplazamiento hacia el rojo”.

El redshift es proporcional a la velocidad con que un objeto se aleja con respecto al que lo observa: entre mayor es la velocidad, mayor resulta el desplazamiento de las líneas espectrales hacia el rojo.

Justamente fue gracias a este sistema que fue descubierto recientemente otro exoplaneta girando alrededor de un sistema solar vecino al nuestro, el Alpha Centauri B.

“Hemos sido pioneros implementando nuevas técnicas para analizar datos, incluyendo el de la longitud de ondas, como filtro para reducir la influencia de la actividad en la señal enviada desde la estrella”, dice Mikko Toumi, investigador de la Universidad de Hertfordshire en Reino Unido y líder de la investigación.

“Este método aumentó nuestra sensibilidad permitiéndonos encontrar otras tres nuevas Supertierras alrededor de HD 40307, y determinar que era un sistema de seis planetas”.

El equipo científico ha dicho que el paso siguiente será la disposición de telescopios en el espacio para poder ver el planeta y conocer su composición.